martes, 4 de octubre de 2011

Malas tierras (1973)

Kit (Martin Sheen) no espera nada de su futuro, eso se nota cuando se le observa en su trabajo; recogiendo la basura de las calles de su pueblo. Tiene veinticinco años y la desilusión le hace ser un tipo extraño que desea ser una especie de James Dean, pero no el de carne y hueso, sino aquel rebelde que Kit se ha creado en su mente. Ese parecido físico con el actor llama la atención de Holly (Sissy Spacek), una adolescente de quince años, que piensa que ese joven es el chico más guapo que ha visto en su vida. La atracción es mutua, algo que descubren la primera vez que hablan, comenzando de ese modo una relación amorosa, quizá un engaño amoroso basado en la necesidades de dos almas solitarias, incomprendidas y perdidas. Los primeros días de relación muestran a dos jóvenes que se atraen, cuyas existencias giran entorno a esa relación que ha surgido con una fuerza devastadora que arrasará con cuantos obstáculos se crucen en su camino, empezando por el padre Holly (Warren Oates), quien prohíbe a Kit que vea a su hija, porque ella merece algo más que un don nadie sin futuro. ¿Qué tiene que perder un tipo como él? Kit se ha aferrado a la idea de Holly, por ello no duda en irrumpir en casa de su novia, con un arma que apunta a un padre que le observa, pero que no amedrenta a un muchacho que no duda y que se muestra letal. Kit no tiene escrúpulos a la hora de matar, es un asesino nato, algo que demostrará a medida que el viaje de huida le presente la oportunidad para deshacerse de sus perseguidores o de aquellos que, sin buscarlo, se interpongan en su camino. Esa facilidad de gatillo despierta a Holly de su fantasía adolescente, quien comprenderá, tras varias acciones violentas e innecesarias, que Kit disfruta con lo que hace. El joven rebelde se descubre como un psicópata que mata sin remordimientos y sin pensarlo dos veces, una circunstancia que se antepone al amor, aunque no deseen reconocerla. Malas tierras (Badlands) significó el debut de un director muy peculiar y personal, Terrence Malick, quien produjo, escribió y dirigió esta mezcla de road-movie y drama criminal, en el que una pareja emprende una huida violenta y sangrienta, porque es la única vía que encuentran para conservar su amor y alcanzar la libertad que les permita disfrutar de él, pero a medida que el viaje avanza Kit semeja dejarlo en un segundo plano, porque para él, lo más importante es ser alguien, sensación que alcanza cuando comprueba el temor que produce y la fama que se ha ganado con unos crímenes que le han llevado a creerse ese rebelde con el que había soñado cuando no creía en nada.

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