viernes, 16 de septiembre de 2011

Vértigo (De entre los muertos) (1958)

Cuando los escritores Pierre Boileau y Thomas Narcejac escribieron la novela De entre los muertos parece como si estuviesen pensando en que Alfred Hitchcock la adaptase a la gran pantalla, idea nada descabellada, pues en ella el director encontró material a su gusto para realizar uno de sus films más obsesivos, una película donde se muestra la obsesión que domina a John Ferguson (James Stewart) tras la muerte de Madeline Elster (Kim Novak), hecho que ocurrirá hacia la mitad del metraje y que le sumirá en un estado agónico que le produce la necesidad de recuperarla de entre los muertos. John había seguido a Madeleine durante días, no por obsesión, todavía no, sino por encargo de Gavin Elster (Tom Helmore), su marido y un viejo amigo. Elster teme por su mujer, últimamente actúa de modo extraño, como si estuviese poseída por un espíritu que ha regresado del más allá y que domina sus actos. Desde el primer momento, John ve algo en ella, la espía sin descanso, allí donde se encuentra Madeleine, asoma ese ex-policía que se ha visto obligado a dejar el cuerpo por padecer acrofobia. Día tras día, la observa, estudia su rostro, su cabello rubio, su modo de vestir, su peinado o su manera de moverse; Madeleine se ha convertido en parte de su vida, ya no se trata de hacerle un favor a un amigo, para él es una necesidad, que comprende cuando ella se lanza a la bahía de San Francisco en un intento de suicidio que permitirá que se conozcan. A partir de este momento, esa especie de voyeurismo anterior deja paso a una relación directa que ambos desean, sin embargo, Madeleine continúa sufriendo esos intervalos que amenazan con acabar con el amor nacido entre dos seres atormentados. Esta primera parte de Vértigo es necesaria para que Hitchcock pudiera desarrollar aquello que más le atrajo de la novela. El epicentro de la película se descubre tras el suicidio de Madeleine, del cual John Ferguson se culpa, pues no ha podido evitarlo a causa del vértigo que le produce la acrofobia que padece. A partir de este lamentable incidente, John pierde parte de su cordura, permaneciendo en un silencio y ausencia total, hasta que, aparentemente, se recupera; pero inmediatamente se descubre que aún no lo ha superado. Su deseo le obliga a no aceptar la realidad de que la mujer que amaba ha muerto, esa sensación le lleva a encontrar en mujeres de cabello rubio a la mujer perdida; cada detalle le recuerda a ella, en su mente ha gestado, sin que él lo sepa, la necesidad de resucitarla. John "Scottie" Ferguson no puede calmar esa sensación interna que le obliga a no olvidar, vive en una pesadilla constante de la que parece despertar cuando conoce a Judy, la viva imagen de su antiguo amor, aunque existen ciertas diferencias entre ellas, su modo de vestir o en el color de su pelo, circunstancias que John cambiará hasta conseguir una copia perfecta de la antigua Madeleine. Alfred Hitchcock optó por desarrollar la historia de un modo distinto a la novela; entendió, y no sin razón, que sería más interesante, angustioso y de mayor suspense, informar al espectador de lo que está sucediendo, información que ofrece en cuanto Judy y John se encuentran, con ello consigue que la atención se centre en esa obsesión que domina, consume y que no se sabe que deparará a un hombre sumido en un estado que crea una situación angustiosa, él es el único que no sabe nada, para él Judy es Madeleine, la ha recuperado de entre los muertos. Así pues, el genial cineasta británico decidió crear un suspense psicológico, que obliga a pensar cuál será el siguiente movimiento del personaje de James Stewart o qué sucederá a continuación entre esos dos amantes, en lugar de ofrecer un final con sorpresa que no habría permitido la atmósfera enrarecida, salida de una pesadilla, en la que viven los dos protagonistas; todo lo demás sería McGuffin.

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