viernes, 2 de septiembre de 2011

La lista de Schindler (1993)

Un hombre con una idea fija, y con capacidad para llevarla a cabo porque sabe manejar a la gente que puede abrir las puertas que necesitan ser abiertas, se muestra sin escrúpulos, ajeno a cuanto le rodea, porque tan solo desea enriquecerse y, para ello, se valdrá de los contactos e influencias que consigue en el restaurante donde se reúnen altos cargos del ejército alemán en Cracovia. La presentación que hace Steven Spielberg de Oskar Schindler (Liam Neeson) no puede ser más explícita, lo muestra tal cual es, un miembro del partido nazi, no porque comparta sus ideas, sino porque sabe que puede aprovecharse al ponerse del lado de los ganadores. Schindler sabe muy bien como lidiar con esos oficiales que se encuentran en el restaurante, sabe lo que quieren porque los estudia, la diversión y los regalos son las mejores bazas con las que cuenta para poder abrir una fábrica sin contar con el capital suficiente. El primer paso ha sido un éxito, ahora debe conseguir financiación, y a quién acudir mejor que a un grupo de judíos de los que se puede aprovechar. Sin más, Schindler se encuentra en una situación privilegiada, cuenta con su propio equipo de trabajo, personas que son tratadas como esclavos y a quienes no paga, únicamente debe pagar a los alemanes por esa mano de obra barata. A Schindler le da igual los hechos que se producen ante él, la muerte, las persecuciones, las injusticias, las torturas, el atropello o el robo a los que son sometidos tanto sus trabajadores como el resto de la comunidad judía. Padres, madres, hijos son confinados en un gueto que se convertirá en su hogar-prisión, un lugar donde son tratados como animales, pero que será mucho mejor que su posterior residencia, un campo de prisioneros donde las palabras dignidad, humanidad y libertad se han borrado por completo. El nuevo jefe de la zona, el comandante Amon (Ralph Fiennes) demuestra desde su aparición que se trata de un sádico o de un desequilibrado, un ser sin escrúpulos, juerguista y ambicioso, a quien el dinero gusta tanto como a Oskar Schindler, quien se ha enriquecido gracias a la guerra y a la esclavitud aceptada y promovida por el partido en el poder. Sin que el empresario tenga conocimiento su mano derecha, o mejor dicho, quien realmente dirige la fábrica, Stern (Ben Kingsley), aprovecha su posición para ofrecer seguridad a muchos de los miembros de su comunidad. Este contable de grandes aptitudes encuentra en su jefe a un individuo a quien sólo importa el dinero y las mujeres bonitas, por ello se niega una y otra vez a ofrecerle un trato amistoso que no se ha ganado. ¿Cómo se puede mostrar impasible ante los trágicos y brutales hechos que se producen? Schindler observa por casualidad, desde una colina, la llegada de las tropas al gueto, la situación que se desata a continuación alcanza un grado de salvajismo e inhumanidad que sí le afecta. La matanza de judíos es una masacre sin sentido, en la que la violencia y la injusticia se desenvuelven a sus anchas. Estos seres humanos son asesinados sin miramientos o conducidos a un campo de concentración donde la vida carece de valor, pues se encuentran expuestos a los continuos abusos de unos ¿qué nombre darles? Pero Oskar no pretende perder su oportunidad de seguir acumulando dinero fácil, es su momento, la guerra lo ha hecho posible, así pues, se hace amigo del cruel comandante, un hombre que mata por simple entretenimiento, pero para su desgracia se enamora de Helen Hirsch (Embeth Davidtz), la prisionera judía a la que ha elegido como criada. Poco a poco, Schindler deja de ser Oskar Schindler, miembro del partido nazi y empresario sin escrúpulos, para convertirse en una especie de nuevo Moisés que intentará ayudar y salvar a sus trabajadores y a otros prisioneros de una muerte injusta e inhumana, un holocausto vergüenza de la humanidad. La transformación del personaje principal se produce gracias a ese contacto en el que comprueba que aquellos a quienes no consideran personas sí lo son, el día a día, la gratitud, las esperanzas que depositan por trabajar en la fábrica, donde se siente a salvo, y el valor de aquellos que sufren un destino inmerecido y cruel, le convencen para intervenir, aunque lo hace paulatinamente, hasta que llega el momento de la verdad. La lista de Schindler (Schindler's list) resulta un film duro porque desea serlo, pretende no dejar indiferente y mostrar la barbarie sufrida por millones de judíos durante la ocupación alemana de buena parte de Europa, una película que recuerda una atrocidad que jamás debe volver a producirse.

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