miércoles, 21 de septiembre de 2011

El extraño viaje (1964)

Esta brillante propuesta, surgida de una idea de Luis García Berlanga, fue desarrollada por Pedro BeltránManuel Ruiz Castillo y Fernando Fernán Gómez, actor, cineasta y escritor indispensable que le dio su forma definitiva. El extraño viaje es una de sus grandes películas, si no la mejor, y buen seguro la más atípica y negra de principio a fin, pero su crítica social, su acidez, su carácter trasgresor y su modernidad chocaron con la mentalidad de la época, lo que provocó su fracaso y su desprecio, de tal manera que solo el paso del tiempo pudo hacer justicia a esta joya del cine español que arranca en la sala donde Angélica (Sara Lezana) mueve su cuerpo al ritmo que marca la orquesta de Fernando (Carlos Larrañaga). Los primeros minutos ubican la acción en un pequeño pueblo de provincias, anclado en las viejas costumbres, donde el contoneo de la joven llama la atención de los presentes en el baile, en ellos se caricaturizan tópicos que Fernán Gómez empleó para dar rienda suelta a su esperpéntica y magistral mezcla de suspense y de sátira costumbrista. En este espacio pueblerino las apariencias lo son todo, de ahí que existan mujeres como doña Teresa (María Luisa Ponte), la dueña de la mercería, y sus compinches, vecinas de elevada condición moral que no dejan de chismorrear sobre cuanto observan, en su creencia de ser perfectas, o los ancianos que se reúnen y comentan lo bien que se ha puesto la Angélica mientras degustan un vaso del famoso vino que elabora doña Ignacia (Tota Alba), a quien algunos llaman "doña Drácula", apelativo que la define, como también lo hace la seriedad amenazante de su rictus y su carácter sombrío, acorde con el negro que siempre luce en su ropaje. Esta dominante vampiresa no mantiene más relación conocida que aquella que le une a sus dos hermanos, a quienes se conoce cuando la cámara abandona las calles del pueblo para adentrarse con sigilo por una mansión oscura y siniestra, la imagen arquitectónica de la propia Ignacia, que se convierte en el escenario principal de una comedia muy negra, original y osada. En su interior, Paquita (Rafaela Aparicio) y Venancio (Jesús Franco) no pueden conciliar el sueño, porque la tormenta y el apagón fomentan el miedo infantil que les lleva escuchar sonidos extraños. De la mano y atemorizados se dirigen hacia la puerta de la habitación de su hermana, la misma que siempre les grita, insulta, somete y atemoriza más que cualquier trueno. ¿Y si la Ignacia está durmiendo y se enfada porque la despertamos? No se equivocan, Ignacia fuera de sí, les riñe, les amenaza y les ordena que regresen a sus cuartos. Sin embargo estos dos angelitos de mediana edad, aunque más que adultos semejan niños asustados, sospechan que no está sola, por lo que deciden permanecer tras la puerta, escuchando aquello que no deberían haber oído. Paquita tiembla, sufre un ataque de histeria, tiene miedo, su hermana ha dicho a ese alguien que durante el viaje se deshará de ellos. A medida que las sospechas compartidas de Paquita y Venancio se confirman tras la venta de las propiedades, los actos de Ignacia se convierten en una constante amenaza que les sume en un estado de ansiedad y temor, del cual ningún vecino tiene noticia, pues estos atienden a sus problemas. Así se descubre que Fernando mantiene un noviazgo con Beatriz (Lina Canalejas), sin embargo, ella no le permite que la bese, ¿qué dirían los vecinos? Además, ya tendrán tiempo cuando se casen. Por otro lado, doña Teresa acusa a Angélica de haberle robado y asegura que no parará hasta que la justicia haga pagar el delito de esa fresca que ha querido comprarse un bikini, y que solo desea abandonar un pueblo lleno de gente tan mezquina como la tendera. Mientras, los ancianos del lugar continúan reuniéndose en el Bar Flor, para jugar su partida y comentar las curiosidades que se producen a su alrededor, del mismo modo que reconocen el buen sabor del vino, que según palabras del dueño del local es de lo mejorcito del país, porque doña Ignacia lo fermenta en barricas llenas de jamones. Con todo este panorama, El extraño viaje concede libertad al humor, al costumbrismo y a la intriga que se gesta en el interior del caserón en sombras, donde la amenaza de muerte lleva a sus inquilinos a planear el viaje que los aleje de las apariencia que les impide acceder a una existencia propia y plena.

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