sábado, 30 de noviembre de 2013

Bienvenido Mr.Chance (1979)

Aparte de una ingeniosa sátira social, Bienvenido Mr.Chance (Being There) fue un punto de inflexión en la carrera de Hal Ashby como director, ya que a partir de esta película, y debido a sus excentricidades y a sus excesos, no volvería a repetir los éxitos vividos durante la década de 1970, con títulos como Harold y MaudEl último deber, ShampooEl regreso o esta tragicomedia, en la que su peculiar protagonista triunfa dentro de una sociedad que presume de avanzada e inteligente, El mundo de Chance Gardiner (Peter Sellers) se encuentra delimitado por una discapacidad intelectual y por los muros de la mansión en la que siempre ha vivido. Allí se le observa silencioso, ajeno a cuanto no sea pulsar los botones de su querido mando a distancia, cuidar del jardín o sacar brillo al lujoso automóvil que no le pertenece, y al que nunca ha subido. Pero con la muerte de su protector, y los aspectos legales de la herencia, su tranquila monotonía recibe la visita de una pareja de abogados que, debido a intereses económicos, le invita a abandonar la protección conocida y a salir al exterior, a un entorno por donde deambula desprotegido. En ese espacio dominado por el desinterés social, las crisis o la mediocridad, el inocente interpreta cuanto contempla desde su desconocimiento y su capacidad de comprensión, la misma que le permite triunfar entre las mentes privilegiadas de la sociedad. En Bienvenido Mr.Chance, Peter Sellers interpretó a un personaje alejado de la imagen cómica que le dio fama, un jardinero con una discapacidad cognitiva a quien desahucian sin que a nadie le preocupe las consecuencias que esto podría acarrearle. Pero, por suerte para él, no es consciente de su situación y camina por lo desconocido ajeno a los peligros que le amenazan a la vuelta de la esquina, como sería su encuentro con un grupo de pandilleros o con el automóvil que le atropella, y en cuyo interior viaja Eve Rand (Shirley MacLaine). Esta mujer de la alta sociedad, para evitar un posible escándalo, no duda en llevarlo a su mansión y dejarlo al cuidado del médico de la familia. Durante el tiempo de observación y de recuperación, Chance interpreta su estancia entre los Rand como la posibilidad de un nuevo hogar. Y allí, desde sus limitaciones y su mirada, descubre las altas financias, la política, los medios de comunicación o esa clase dominante que le acepta como uno de sus miembros más destacados, gracias a su peculiar manera de entender la vida. La perspectiva del jardinero realza la incompetencia y los defectos de quienes le rodean, supuestos líderes con mayores capacidades que él, pero quienes, desde la ironía de Ashby, se desvelan incapaces de comprender algo tan obvio como la verdadera naturaleza de aquel a quien encumbran y a quien consideran una fuente de sabiduría, que expresa sus conocimientos y opiniones mediante metáforas que hasta el mismo presidente (Jack Warden) emplea en sus discursos políticos. Pero ¿quién es este Mr.Chance, capaz de despertar el interés de toda la nación? Nadie sabe responder a la pregunta, aunque algunos sospechan que podría tratarse de un ex-agente que ha borrado su pasado, mientras que otros prefieren pensar en él como una alternativa política al presidente electo. Sin embargo, sus anfitriones, Eve y Benjamin Rand (Melvyn Douglas), prefieren descubrir amor y comprensión en la figura de Chance, que no muestra rechazo emocional ante la proximidad de la muerte que amenaza al anciano. Por su modo de comportarse y de expresarse, Ben siente verdadero afecto hacia el que cree un igual, mientras que en Eve, el enigmático desconocido, despierta su pasión y deseo, pero, a pesar del cariño que siente hacia ella, Chance no se cansa de repetir que le gusta mirar la televisión y cuidar de las flores. Aunque como suele suceder en ese entorno dominado por la incomunicación, la falsa imagen o los intereses de unos pocos, sus palabras son interpretadas al gusto del oyente, lo que conlleva que el jardinero acabe en boca de todos, algo que resulta tan extraño como significativo, pues cuantos le rodean le admiran porque han querido ver en él algo que ni es ni ha dicho ser.

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