lunes, 3 de octubre de 2011

Primera plana (1974)

En sus inicios profesionales Billy Wilder había ejercido como periodista, así que la prensa no era un entorno desconocido para él, además ya había realizado un acercamiento cinematográfico al ámbito periodístico en la crítica y excelente El gran carnaval (Ace in the hole), pero desde una perspectiva alejada de la comedia que se muestra durante todo el metraje de Primera plana (The front page), una película muy divertida, irónica e impregnada de la (buena) mala leche de Wilder. El delirante guión de I.A.L.Diamond y Billy Wilder se basó en la exitosa obra de teatro escrita por Ben Hecht y Charles MacArthur, que ya había sido adaptada con anterioridad en 1931 por Lewis Milestone en El gran reportaje (The front page) y en 1939 por Howard Hawks en Luna nueva (His girl Friday), y posteriormente por Ted Kotcheff en Interferencias (Switching channels) (1988), la peor de las cuatro adaptaciones, algo lógico dado que Milestone, Hawks o Wilder fueron directores de gran personalidad y talento, características claves a la hora de enfocar un proyecto y llevarlo a buen puerto. La historia arranca con Hildy Johnson (Jack Lemmon) acudiendo al Examiner, el periódico para el que ha trabajado hasta ese preciso instante, su intención no es otra que la de comunicar a Walter Burns (Walter Matthau) que abandona su profesión y la relación que les ha mantenido unidos durante más de una década. Walter no se lo toma en serio, ¿cómo un periodista de nacimiento como Hildy iba a abandonar su profesión para casarse con una pianista llamada Peggy Grant (Susan Sarandon)? ¡Pero aún hay más! Esa misma noche la pareja de enamorados abandonará Chicago para instalarse en Philadelphia, donde Hildy trabajará para el tío de su futura esposa; así pues, Burns ya puede ir buscando a otro para sustituirle. La noticia no resulta del agrado de Burns, porque parece que va en serio; desde ese instante, su maquiavélica mente hace gala de una falta de escrúpulos ilimitada, emplea cuantas artimañas se le ocurren para impedir que su mejor periodista le abandone y deje de escribir artículos como el de la ejecución de Earl Williams (Austin Pendleton), ese pobre diablo condenado a la horca por haber matado accidentalmente a un policía de color en épocas de elecciones. La proximidad de los comicios sirven para que los políticos aparezcan en escena: un alcalde de doble moralidad (Harold Gould) y un sheriff incompetente (Vincent Gardenia), a quienes no importa nada más que las inminentes elecciones que se celebrarán el martes siguiente. Primera plana reúne a sus protagonistas en el edificio del ayuntamiento, donde se aguarda la ejecución; en concreto en la sala de prensa, el eterno hogar para esos periodistas que se encuentran jugando a las cartas y gastando bromas cuando aparece Molly (Carol Burnett), quien no duda en decirles lo que piensa de ellos. La prensa de Primera plana es una prensa sensacionalista, irrespetuosa con la verdad y sin el menor atisbo de piedad, una caricatura de una realidad en la que, en ocasiones, no importa la verdad sino como se altera para poder sacar una mayor tirada de ejemplares. Tras la salida de Molly de la sala de prensa, Hildy se presenta con unas botellas de whisky y ginebra para celebrar su doble despedida, de este modo bromea y se autoengaña con el abandono de un mundillo que le tiene atrapado. Mientras esto sucede, Peggy aguarda pacientemente, consciente de la promesa de una nueva vida al lado del hombre que ama, pero tendrá que esperar algo más de la cuenta, puesto que la fuga de Williams pone a todo el edificio en alerta, a la policía de Chicago en movimiento y a Hildy en contacto con Walter, a quien comunica que por suerte él se encuentra en el lugar preciso para cubrir la noticia. A partir de este hecho, la carencia de escrúpulos de Walter Burns es total, así como la de los políticos o demás periodistas, quizá, salvo Hildy, quien paulatinamente cobra cierta conciencia, los únicos realmente decentes son Williams y Molly, que a pesar de ser el centro de burlas de los periodistas por su condición laboral es el personaje de mayor entidad moral. Walter y Hildy continúan con su particular visión periodística, Peggy continúa aguardando, el psiquiatra que ha atendido a Williams continúa gritando: ¡Invertidos!, mientras su camilla rueda calle abajo, al tiempo que la policía recibe la orden de tirar a matar tan pronto descubran al prófugo. Lo que menos importa en Primera plana es que se haga justicia o que la verdad salga a la luz, políticos y prensa tienen sus propios intereses, cuestiones que restan importancia a la vida de Williams, porque él es la noticia y el reclamo para que el alcalde vuelva a ser reelegido, además fue la excusa de Billy Wilder para elaborar una comedia divertidísima en la que desplegó su humor más corrosivo, aunque a él, personalmente, no le convenció su resultado final

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