jueves, 8 de junio de 2017

Tragedia submarina (1930)

Los primeros minutos de Tragedia submarina (Men without Women, 1930) confirman que estamos ante una película de transición que combina los rótulos del cine mudo con los escasos diálogos hablados (y el abuso de canciones) del primer sonoro. Pero este primer momento de Tragedia submarina también nos introduce la comicidad característica en el cine de John Ford; en esta ocasión, enfatizada por los comportamientos de los marineros estadounidenses que disfrutan del alcohol y se entretienen con las mujeres que trabajan en el local de Shanghai donde pasan sus últimas horas de permiso. Ellos conforman la tripulación de un submarino y <<a veces son un poco brutos y ruidosos, pero lo pasamos por alto porque su misión es muy peligrosa>>. Las palabras del capitán del navío, en su charla nocturna con el alférez recién enrolado, sobre la cubierta de la embarcación confirman el carácter de la dotación y abren el interrogante de si la misión a la que alude es la de viajar en un sumergible u otra más específica. La falta de información sobre la misión carece de importancia, pues el sumergible no tarda en ser arrollado por un barco que provoca las vías de agua que inundan la sala de máquinas, el hundimiento del submarino y la situación claustrofóbica y mortal que se convierte en el centro de interés de la historia planteada por Ford a partir de una idea que desarrolló en colaboración de James Kevin McGuinnes, y que fue guionizada por Dudley Nichols en su debut como guionista. <<Creo que fue la primera película que hicimos juntos Dudley Nichols y yo. A partir de entonces trabajamos juntos siempre que se podía, y yo trabajaba en una relación muy estrecha con él. No había escrito ningún guión hasta entonces, pero era muy bueno, y tenía las mismas ideas que yo acerca de que hubiera poco diálogo>>, recordaba el genial cineasta en su entrevista con Peter Bogdanovich. El "creo que" del realizador podría generar dudas respecto a si fue o no su primera colaboración con el guionista, pero estas se disipan cuando asegura que <<no había escrito ningún guión hasta entonces>>. Más allá de ser una de las primeras producciones ambientadas en el interior de un submarino, el cineasta recordaba que la primera rodada en uno real, Tragedia submarina iniciaba una relación profesional que daría títulos indispensables a la filmografía fordiana y, por lo tanto, también a la cinematografía mundial. La patrulla perdida (The Lost Patrol, 1933), El delator (The Informer, 1934), Barco a la deriva (Steamboat Round the Bend, 1935), La diligencia (The Stagecoach, 1939) u Hombres intrépidos (The Long Voyage Home, 1940) fueron algunos de los films en los que Ford contó con un guión de Nichols, producciones todas ellas más complejas que esta dramática aventura de hombres sin mujeres que se aferran a su última esperanza, la de contactar con el exterior para ser rescatados antes de que la reserva de oxígeno se agote. Pero incluso durante la trágica experiencia que relata la película, esta no pierde su comicidad, que se combina con el drama y el heroísmo que se observa en el interior del submarino donde los supervivientes de la catástrofe se concentran en torno al joven alférez Price (Frank Albertson) y a Burke (Kenneth McKenna), el jefe de torpederos que, huyendo de su pasado británico, se enroló en la marina estadounidense. Mientras, los nervios afloran (uno de los tripulantes pierde la cordura y amenaza con detonar un explosivo), el miedo asoma, el aire escasea y hombres como Winkler (Harry Trenbrook) o Cobb (Walter McGrail) caen víctimas de la contaminación que parece ser el destino de los trece que permanecen vivos cuando el buque de guerra, en el que viaja un imberbe radiotelegrafista interpretado por John Wayne, se presenta en la superficie marina e inicia las labores de rescate que concluyen con la redención y heroicidad del torpedero jefe, quien, condicionado por sus recuerdos, decide sacrificarse por sus compañeros.

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