viernes, 14 de octubre de 2011

El halcón y la flecha (1950)

El argumento de El halcón y la flecha (The Flame and the Arrow) no difiere de muchos otros títulos encuadrados dentro del género de aventuras; en él se pueden encontrar al héroe, al villano de turno, a la doncella que aporta la perspectiva romántica de la historia o el grupo de amigos o amigo que se dejará la piel por un compañero a quien sigue sin dudar, incluso hay sitio para la figura del traidor, a quien se reconoce antes de que cumpla su vil cometido. Estos y otros tópicos funcionan a la perfección en una película que busca ofrecer un entretenimiento inocente y divertido, alejándose de la realidad histórica de una época cruda, oscura y violenta, que desde la película de Jacques Tourneur se mostró viva, dinámica y llena de colorido. El protagonista de El halcón y la flecha, Dardo (Burt Lancaster), se antoja una especie de combinación entre Robin Hood y Guillermo Tell, ubicado en Lombardía, allá por el siglo XII, cuando las fuerzas del emperador Barbarroja, comandadas por el conde Ulrich (Frank Allenby), dominaban las tierras lombardas. Este noble, apodado El Halcón, siembra el terror y la injusticia entre la plebe, pero existe ese hombre que no le teme, quien, más bien, aguarda la oportunidad de saldar una vieja cuenta pendiente; ese hombre es Dardo, que vive una apacible existencia al lado de su hijo Rudi (Gordon Gebert), a quien ha criado tras ser abandonados por una esposa y madre que prefirió las comodidades y lujos que le ofrecía el noble. Sin embargo, Ulrich ha regresado para llevarse al pequeño, cuestión que Dardo ni se plantea, iniciando un enfrentamiento contra su enemigo y sus tropas, únicamente con la ayuda de su fiel Piccolo (Nick Cravat); mas los soldados son demasiados y cae herido, pero por suerte logra salvar la vida y la esperanza de recuperar a Rudi. Además de la rencilla personal entre héroe y villano, El halcón y la flecha muestra el injusto sometimiento (todos lo son) al que se ven condenados esos lombardos que ansían liberarse y que encontrarán en Dardo a un sólido líder para encabezar una revuelta que les permita vivir lejos de la opresión a la que están acostumbrados; sin embargo, Dardo se muestra egoísta, pues sólo tiene una única meta: recuperar a su pequeño, y si para ello debe liderar un levantamiento, lo hará. La toma de conciencia de la situación de sus paisanos se produce de modo paulatino, así pues además de la aventura que domina la pantalla, se encuentra una idea de concienciación ante las necesidades de un pueblo que se ha visto condenado a sufrir las injusticias de Ulrich y sus secuaces, dando pie a la acción y al inevitable enfrentamiento entre el halcón y la flecha.

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