martes, 23 de agosto de 2011

Hombres olvidados (1953)


¿Cuáles son las secuelas de un individuo que ha soportado la pérdida de su familia, vejaciones de todo tipo y un sufrimiento al que nadie debe verse condenado?. Hans Muller (Kirk Douglas), en otro tiempo famoso malabarista, llega a Palestina, donde miles de judíos sin hogar pretenden encontrar una nueva vida y una nueva patria tras la más desastrosa de las contiendas bélicas. Él no ha participado en la lucha, sino que ha sido víctima de las torturas, ha experimentado en sus carnes la reclusión en los campos de trabajo nazis. Hans es un hombre dominado por el miedo, el rencor y la culpabilidad, sensaciones negativas que le producen una inestabilidad emocional que le supera, y que le lleva a un rechazo sistemático de todo aquel que represente a la autoridad policial. Todos los policías y uniformes le recuerdan a los representantes del, supuesto, orden que le ha torturado una y otra vez, tan sólo por el simple hecho de haber nacido en el seno de un credo diferente al de los opresores, los mismos que han asesinado a su familia y que le han privado de su libertad. La llegada a Israel no le proporciona paz, ni siquiera se encuentra ante la posibilidad de pensar que puede ser su nuevo hogar. Su pérdida le ha convertido en alguien que no puede aceptar la reconstrucción de una vida que carece de sentido. Vive en el pasado, ve a su familia en otras personas, desea que sean ellas (mujer e hijas) porque lo necesita. Su mente está trastocada, enferma. ¿Qué mente no lo estaría tras sufrir una experiencia tan terrible?

Ajeno a toda autoridad, Hans se escapa del campo donde le han ubicado, no es un campo de concentración, pero se siente incómodo, controlado. Tras su marcha agrede a un policía, que pretendía ayudarle; dándole por muerto emprende una fuga que le llevará a recorrer los caminos y a conocer a un joven muchacho (Joseph Walsh) con quien viajará hasta una población cercana a la frontera Siria. El niño representa, aunque Hans no lo sepa, una nueva oportunidad, insuficiente para su cura, pero sí para que un sentimiento de camaradería cobre importancia en su interior; oportunidad que se refuerza con la aparición de una joven (Milly Vitale) que le ofrecerá amistad y cariño. Hombres olvidados (The juggler) de Edward Dmytryk se centra exclusivamente en un ser que ha sufrido, a quien le cuesta confiar en los demás, pues resulta una ardua tarea, además de un imposible, para alguien como Hans, un hombre que sufre las secuelas de un encierro en el que su mujer e hijas murieron a manos de seres que no respetaban la vida; seres que le han sumido en su estado actual; por eso no cree en las personas, y por ello resulta vital que encuentre personas que le ayuden, que le ofrezcan el cariño del que se ha visto privado, y que le ha convertido en una animal acorralado que únicamente piensa en escapar, para volver a creer en los demás y en sí mismo.

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