miércoles, 22 de junio de 2011

El hombre de mármol (1976)

El hombre de mármol (Czlowiek z marmuru) hace una clara referencia a la creación de un mito y su destrucción. Un escultor, a partir de un bloque de mármol sin forma, puede crear una obra de arte que el público admira, del mismo modo, los medios de difusión, al servicio de la propaganda estatal, pueden crear un héroe de la nada y ofrecérselo a un pueblo ávido de gente a quien emular. Andrzej Wajda, excelente director polaco, realizador de un cine que reflexiona sobre la sociedad y lo hechos que marcaron el desarrollo de su país, propone un viaje por una Polonia en construcción, influenciada por el poder soviético, hasta la mitad de la década de 1970. Y lo hace, salvando las distancias, desde una perspectiva que emula la empleada por Orson Welles en su Ciudadano Kane. Wajda, abre el film mostrando el presente, se detiene en una joven directora de documentales que pretende realizar un film sobre un héroe olvidado del periodo estajovinista (la etapa de mayor influencia stalinista que vivió Polonia). ¿Qué fue de él y cuáles fueron las causas de su caída?. Como respuesta a esta doble pregunta, El hombre de mármol no podría presentarse de otra forma, necesita de esos viajes al pasado, proporcionados por los documentales que Agnieszka (Krystyna Janda) observa y por las entrevistas que realiza a personajes que conocieron a ese Birkut (Jerzy Radziwilowicz), un obrero que gracias a una hazaña preparada de antemano, se convirtió en un símbolo nacional. Así pues la andanza se inicia en una sala de proyección donde se visiona un documental sobre Birkut, pero es incompleto, existen piezas que no encajan, ausencias explicarían la retirada de los lugares públicos de la foto del héroe caído. Para la joven directora, la película que prepara se convierte en un reto o necesidad de conocer unos sucesos que se omiten y que llevaron al ídolo al ostracismo. De este modo, no duda en lanzarse a una investigación filmada, que le lleva a una serie de entrevistas (el director del antiguo documental, un agente del servicio de seguridad, el amigo de Birkut o la propia esposa del desaparecido) que van ofreciendo una perspectiva de los hechos acaecidos. Gracias a esas declaraciones, que trasladan al espectador al pasado, descubre que el derrumbamiento de este individuo se produjo como consecuencia de su lucha por libertar a su amigo, detenido injustamente. Su afán por reclamar justicia dentro de un sistema que no tolera un alboroto de esa índole resulta inútil, incluso negativo para este personaje anteriormente admirado, creado para ensalzar la grandeza de un nuevo orden. La excelente propuesta del director polaco permite un acercamiento a esa Polonia dominada por el stalinismo, donde se comprueba que nada queda al azar, todo está programado por aquellos quienes deben velar por el bienestar social, hasta un momento de menor control comunista, donde las nuevas perspectivas permiten luchar a la joven directora para poder ver cumplido su objetivo, eso sí, superando las trabas que se le presentan. Esos problemas con los que se encuentra Agnieszka serían el reflejo de los que hubo de superar el propio Andrzej Wajda a la hora de filmar este excelente retrato de una era, en la que la censura, a pesar de ser menos férrea que en la época de auge de Birkut continuaba vetando el pensamiento artístico.

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