jueves, 29 de septiembre de 2016

Botón de ancla (1947)

<<Por primera vez, en 1948, desde que en 1938, diez años antes, me dediqué a este oficio, había logrado un éxito popular. Cuando hacíamos presentaciones en los cines de reestreno, las ovaciones eran estruendosas, los saludos, los abrazos, rebosaban admiración, simpatía, cariño. La gente me reconocía por la calle. No se habían aprendido todavía mi nombre, pero me señalaban y decían: ¡Mira, mira: el que se muere en Botón de ancla!>>. Fernando Fernán Gómez recordaba en sus memorias que a raíz de su participación en Botón de ancla el público lo reconocía por las calles, y eso le sorprendía, ya que, a pesar de su juventud, llevaba una década dedicada a la interpretación y había participado en títulos tan populares como El destino se disculpa (José Luis Sáenz de Heredia, 1944). Más allá de su mediocridad, la película de Ramón Torrado fue un éxito monumental, uno de los más sonados de la década de 1940. Llenó las necesitadas arcas de la Suevia Films del vigués Cesáreo González, para la cual conseguía, además de los beneficios directos en taquilla, cinco licencias de doblaje y lo que aquello suponía. Su popularidad fue tal, que puso de moda la comedia rosa ambientada en entornos castrenses, ya fuese la Marina o el Ejército del Aire: Alas de juventud (Antonio del Amo, 1948), La trinca del aire (Ramón Torrado, 1951), Recluta con niño (Pedro Luis Ramírez, 1955), Ahí va otro recluta (Ramón Fernández, 1960), Los guardiamarinas (Pedro Lazaga, 1967) o Cateto a babor (Ramón Fernández, 1970), versión de la película de Ramírez con Alfredo Landa de protagonista, lo confirman. Ahí es nada, para que luego se acuse al Hollywood actual de falta de ideas y de creatividad. Estas carencias no son exclusividad hollywoodiense y, en mayor o menor medida, se repiten a lo largo de los años en todas las cinematografías mundiales, que aprovechan el boom de alguna película taquillera hasta exprimirlo al máximo. Si por su popularidad dentro del cine español hay que recordar a la original, con sus remakes es mejor nombrarlos y poco más: Botón de ancla (Miguel LLuch, 1960), en color y en clave de comedia musical, protagonizada por el humorista Miguel Gila y por el Dúo Dinámico, y Los caballeros del botón de ancla (Ramón Torrado, 1974). Pero volviendo al éxito de Botón de ancla, este se gestó en las facilidades de preproducción, producción y distribución. La Armada cedió asesores y permitió rodar los exteriores en las instalaciones de la escuela naval de la localidad pontevedresa de Marín, donde el mal tiempo alargó su rodaje durante meses, aún así el film se concluyó y obtuvo la calificación de Interés Nacional. La buena disposición de las autoridades, que veían en ella una película a su servicio, le abrían las puertas a una distribución a gran escala, no como sucedía con producciones de mayor calidad, relegadas a clasificaciones menores y, como consecuencia, condenadas a una distribución tan penosa que a menudo no encontraba acceso al público, como fue el caso de la muy superior Vida en sombras (Llobet-Gràcia, 1948), también protagonizada por Fernán Gómez, una película atípica y valiente que sufrió el ostracismo desde el mismo momento que su creador la ideó. Otros de los aspectos a tener en cuenta a la hora de hablar de la gran aceptación popular de Botón de ancla se encuentra en su historia, simple y efectiva, en su mezcla de amistad, romance y comicidad, siempre desde una perspectiva sensiblera que ni se complica ni se aparta del tono amable y rosa que domina las correrías del trío de guardiamarinas protagonistas, en quienes se representa los valores de lealtad, camaradería y entrega. En su último año en la escuela naval, Carlos (Jorge Mistral), José Luis (Antonio Casal) y Enrique (Fernando Fernán Gómez) reafirman su trinca del botón de ancla, una amistad que emula a la de los tres mosqueteros y que les parece indestructible a pesar de sus constantes burlas y trampas. Pero ellos son así, son jóvenes y con enormes deseos de vivir y de gozar su juventud. Dicho deseo los conduce a buscar chicas a quienes conquistar durante sus ratos libres, aunque con suerte dispar, ya que si Carlos, el galán del trío y el primero de su promoción, encuentra en María Rosa (Isabel de Pomés) a alguien que le atrae hasta cambiar sus hábitos de mujeriego por los de un hombre enamorado, sus dos amigos no pueden más que huir de las dos hermanas (Mary Santpere y María Isbert) con quienes, muy a su pesar, se topan una y otra vez. En la historia de amor entre Carlos y María Rosa se encuentra otra de las bazas para lograr que el film atrajese la atención del público, como también resultó esencial en la comunión con el espectador el dotar de comicidad a los personajes, sobre todo a Enrique y al subalterno de la escuela naval interpretado por Xan das Bolas, que en su eterna "facilidad" de palabra podría verse como un antepasado del personaje Pazos de Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1997), otro éxito de público en su momento. Sin embargo, Botón de ancla no deja de ser una sucesión de imágenes que, entre momentos cómicos y otros dramáticos, ensalzan el ámbito militar hasta rozar lo ridículo, como se comprueba cuando el comandante Manzano se dirige a Carlos, en sus horas más bajas, y le suelta un discurso muy del gusto de régimen, en el que le viene a decir que su deber es para con España y que su fracaso amoroso (su vida privada y María Rosa) no tiene importancia para un guardiamarina, así que se olvide de la chica y acepte como único amor la bandera que cierra el film.

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