domingo, 2 de septiembre de 2012

Brando, un actor de carácter


Quizá para el público en general su rostro siempre estará asociado con el de Vito Corleone, patriarca de la familia Corleone en El padrino (The Godfather) (1972), clásico dirigido por Francis Ford Coppola, realizador con quien repetiría años después en otra obra maestra: Apocalypse Now (1979), en la que encarnó al coronel Kurtz, una recreación memorable y totalmente improvisada que no salía hasta la parte final del film. Marlon Brando se formó en el Actors Studio de Nueva York, como muchos otros colegas de profesión. Su carrera artística se inició en el ámbito teatral en 1944, en la comedia I Remember Mama, pero el éxito le llegó al interpretar a Stanley Kowalsky en la obra de Tennesse Williams Un tranvía llamado deseo, donde sería dirigido por el director de origen armenio Elia Kazan y en ella ya demostró su gran capacidad dramática. A raíz del éxito empezaron a llegarle ofertas de los estudios de Hollywood, que rechazaba sistemáticamente hasta que el productor independiente Stanley Kramer y el director Fred Zinnemann le convencieron para ser el protagonista de Hombres (The Men) (1950), película que fracasó en la taquilla a pesar de merecer mejor suerte. Pero de nuevo se cruzó en su camino el personaje de Kowalski, que también interpretó en la gran pantalla. Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire) (1951) le valió su primera nominación al Oscar al mejor actor protagonista y, en ella, de nuevo fue dirigido por Elia Kazan. Al año siguiente repitió con el director e interpretó al revolucionario mexicano Emiliano Zapata en ¡Viva Zapata!, por la que consiguió una nueva nominación en la categoría de mejor protagonista. Su siguiente personaje fue el de Marco Antonio en Julio César (Julius Caesar) (1953), adaptación del drama homónimo de William Shakespeare dirigida por Joseph L.Mankiewicz, que le valió su tercera nominación. Con tan solo cuatro películas se había convertido en una gran estrella, en el mejor actor de su generación y en un icono de la rebeldía tras su participación en el film de László Benedek ¡Salvaje! (The wild one; 1953). En 1954 colaboró por última vez con Elia Kazan en la espléndida La ley del silencio (On the Waterfront), interpretación por la que ganó su primera estatuilla dorada. Joseph L.Mankiewicz volvió a contar con él en Ellos y ellas (Guys and Dolls), compartiendo cartel con Frank SinatraJean Simmons y Vivian Blaine; y que resulta una rareza dentro de su filmografía al un musical. Entre 1956 y 1957 realiza dos films relacionados con Japón: La casa de té de la luna de agosto (The Teahouse of the August Moon), comedia dirigida por Daniel Mann, y Sayonara, drama romántico rodado por Joshua Logan. En 1958 interpreta a un oficial alemán en El baile de los malditos (The Young Lions) de Edward Dmytryk, acompañado en el reparto por dos estrellas de la talla de Dean Martin Montgomery Clift, quien al parecer se quejaba del poco esfuerzo mostrado por Brando a la hora de interpretar a su personaje. Y para terminar su mejor década como actor, coincidió con Anna Magnani en Piel de serpiente (The Fugitive Kid) (1959), film realizado por Sidney Lumet. Los años sesenta se inician con la única y muy personal incursión de Brando en la dirección, al rodar entre 1958 y 1960 el film, que iba a ser realizado por Stanley Kubrick, titulado Elrostro impenetrable (One-Eyed Jacks), que el actor también protagonizó al lado de Karl Malden, con quien ya había coincidido en Broadway y en dos producciones anteriores. El rostro impenetrable es un western psicológico incomprendido en su momento tanto por la crítica como por el público, sin embargo es una más que interesante propuesta que con el paso de los años demuestra su innegable valía. Los años sesenta no fueron tan buenos como la década anterior, a pesar de trabajar con directores de la talla de Lewis Milestone (Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty) (1962))Charles Chaplin (La condesa de Hong Kong (A Countess from Hong Kong) (1967), última película del genio británico), John Huston (Reflejos de un ojo dorado (Reflections in a Golden Eye) (1967), película que provocó opiniones dispares entre la crítica), Arthur Penn (La jauría humana (The Chase) (1966)) o Gillo Pontecorvo (Queimada (1969)). En 1972, después de interpretar Los juegos prohibidos (The Nightcomers) (1971) de Michael Winner, se produjo su encuentro con dos directores que empezaban a despuntar: Francis Ford Coppola (guionista de Reflejos de un ojo dorado) le ofreció un papel en el que Brando rozó la perfección y que le valió su segundo Oscar (no se presentó a recogerlo), y Bernardo Bertolucci le dio el protagonismo de la polémica El último tango en París (Ultimo Tango a Parigi) (1972), por la que vuelve a ser nominado al Oscar, y posiblemente sea su mejor recreación. De su posterior carrera destaca, por encima del resto, Apocalypse Now (1979), y en menor medida Missouri (The Missouri Breaks) (1976), de nuevo bajo las órdenes de Arthur Penn y compartiendo protagonismo con su amigo Jack NicholsonDurante la década de los ochenta se mantuvo apartado del cine, salvo por su participación en La fórmula (1980) y Una árida estación blanca (A Dry White Season) (1989), su última nominación al premio de la Academia. La falta de proyectos de entidad (las películas en las que participó en los noventa tuvieron malas acogidas) y sobre todo sus problemas personales (relacionados con su familia) provocaron su aislamiento y su ruina, pero nadie puede negar que Marlon Brando marcó una época, mostrando su arte en numerosas escenas y dejando tras de sí personajes inolvidables.

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