viernes, 19 de octubre de 2012

Shutter Island (2010)

De las tres excelentes adaptaciones de las novelas de Dennis Lehane realizadas hasta la fecha (Mystic River (2003), Adiós pequeña, adiós (2007) y Shutter Island), la filmada por Martin Scorsese es la más claustrofóbica al desarrollarse dentro de un espacio acotado, asolado por la constante presencia de la lluvia o del viento huracanado, que aumenta la sensación de pesadilla gótica que se descubre mientras Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) deambula por lugares tenebrosos como las celdas del pabellón C (donde se encuentran los pacientes más peligrosos), el acantilado o el cementerio de una isla fantasmagórica. Shutter Island es una buena muestra de la simbiosis entre la pasión cinéfila de Scorsese y su pasión por hacer cine, combinación que se deja notar en la utilización de técnicas narrativas clásicas que le sirvieron para crear esa atmósfera enrarecida que domina en Shutter Island, que también se puede apreciar (con evidentes diferencias) en clásicos como LauraEncrucijada de odios¡Suspense! o La casa encantada (The Haunting). El agente Teddy Daniels alcanza la isla en un barco donde su fragilidad se muestra en los mareos (causados por su fobia al medio acuático) que intenta controlar mientras habla con Chuck (Mark Ruffalo), su nuevo compañero, a quien no conoce, pero con quien entabla una relación de confianza, forzada por ese entorno opresivo en el que desembarcan. En la isla se erige una vieja fortaleza rehabilitada como centro de salud mental al que Daniels acude para investigar la desaparición de una paciente; dentro del edificio se agudiza su malestar (migrañas y pérdida de conciencia), su inseguridad y su desconfianza, convencido de que en ese lugar ocurre algo más diabólico que la inexplicable desaparición de Rachel (Emily Mortimer). Desde que pone el pie en tierra, Teddy Daniels se siente turbado por las sospechas, por el psiquiátrico y por las palabras del director del centro, el doctor Cawley (Ben Kingsley), quien detrás de su aparente amabilidad parece ocultar algún secreto que a Daniels se le escapa. Paulatinamente esa sensación de turbación que experimenta se convierte en desorientación y desasosiego (la atribuye al consumo de alguna sustancia administrada por Cawley), reavivando recuerdos en forma de sueños (su esposa (Michelle Williams), su experiencia en la guerra, la presencia de una niña que se le aparece en varios momentos), que desvelan un desequilibrio que entre esos muros se hace más fuerte. Shutter Island transita por la frágil línea que separa la realidad (cordura) de la fantasía (locura), ambas se confunden en la mente del protagonista hasta introducirlo dentro de un laberinto donde le resulta imposible distinguir entre qué es real y qué es fruto de la pesadilla que significa su estancia en la isla. A medida que Daniels avanza en su investigación la sensación de desorientación se vuelve más opresiva hasta alcanzar su punto álgido en el acantilado donde Chuck desaparece sin dejar rastro y donde se encuentra con una Rachel (Patricia Clarkson) distinta a la esperada. Su sospecha de que allí suceden cosas extrañas se confirman cuando Rachel desvela que en el faro se realizan horribles experimentos con los pacientes más peligrosos, confesión que se corrobora con la presencia en el centro del siniestro doctor Naehring (Max von Sydow); aunque puede que todo sea producto de una mente rota, desestabilizada por un pasado que ni quiere ni puede aceptar su presente, pero eso sería lo de menos en un film como Shutter Island, pues su acierto y su interés se encuentra en el perturbador recorrido expuesto por uno de los mejores cineastas de su generación, que por cuarta vez contaría con el actor Leonardo DiCaprio, capaz de transmitir las emociones enfrentadas que invaden la mente de Daniels.

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