domingo, 28 de octubre de 2012

Al servicio secreto de su majestad (1969)

La sombra de Sean Connery era demasiado alargada para ser superada en 007, al servicio secreto de su majestad (On Her Majesty's Secret Service), la sexta película de la saga y la primera que no contaba con la presencia del actor escocés como protagonista. La misión de hacer olvidar a Connery recayó en George Lazenby, actor de menor presencia física, que encarnó a un agente secreto más humano y vulnerable; esta nueva dimensión emotiva fue una de las causas de la fría acogida del film. La humanización de 007 corrió a cargo de Peter Hunt, quien enfocó la acción hacia ese cambio, tanto externo como interno, que se produce en James Bond, menos elegante y menos seguro, pero más emotivo y frágil. Desde el inicio de Al servicio secreto de su majestad, Bond siente atracción por Tracy (Diane Rigg), personaje al que salva de un intento de suicidio, y que cobra suma relevancia porque acaba convirtiéndose en su esposa y en la mujer que provoca la dimisión de 007 del servicio secreto. la historia de amor se inicia antes de que Bond se haga pasar por sir Hilary, el experto en genealogía que acude a una clínica de los Alpes para atender las necesidades de algunas pacientes y de paso desenmascarar a Blofeld (Telly Savalas), el villano de turno que amenaza con un ataque bacteriológico si la ONU no acepta sus exigencias de concederle el perdón por sus crímenes y el título de conde. Bond mantiene aspectos reconocibles de agente anterior, pero se muestra diferente, sobre todo en los momentos íntimos que pasa con Tracy, aunque también deja ver su nuevo rostro en los instantes en los que domina la acción, más física que en anteriores producciones de la saga, ya que en esta no cuenta con la ayuda tecnológica proporcionada por los inventos de Q, otra muestra del cambio que no llega a consumarse, porque Bond pierde su humanidad en el arcén de una carretera que le obliga a volver a ser el agente arrogante, insensible y distante de Diamantes para la eternidad (Guy Hamilton, 1971), la siguiente aventura de la franquicia, de nuevo con el rostro de Sean Connery, porque el experimento llevado a cabo por Peter Hunt se saldó con el rechazo al cambio en la personalidad de un espía que se había convertido en un icono de virilidad y cinismo, dos características ausentes en el personaje interpretado por Lazenby, un Bond que sufrió la incomprensión de ese nuevo enfoque, valiente en cuanto a ofrecer una variante más humana de 007, y que no volvería a intentarse hasta Casino Royale (Martin Campbell, 2006), cuando James Bond dejó de ser él mismo para convertirse en un nuevo Bond. 

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