sábado, 16 de marzo de 2013

¡Viva Zapata! (1952)


El acercamiento trágico a la figura legendaria del revolucionario mexicano Emiliano Zapata llevado a cabo por Elia Kazan se basó en un guión escrito por el premio Nobel de Literatura de 1962, el prestigioso novelista John Steinbeck, autor del relato corto De ratones y hombres (que daría pie a las versiones cinematográficas de Lewis Milestone en 1939, de Nevzat Pesen en 1962 y la de Gary Sinise en 1992) o de novelas de la talla de Las uvas de la ira (llevada a la gran pantalla en 1940 por un excepcional John Ford) o Al este del edén, convertida en imágenes por el propio Kazan tres años después de realizar este biopic. Como en cualquier otra película biográfica ¡Viva Zapata! dramatiza situaciones puntuales del personaje histórico, descubriéndose este como un héroe romántico capaz de sacrificarse ante la injusticia que ha condenado a su pueblo a la miseria y al hambre que se descubren en los primeros compases del film. La puesta en escena realizada por Kazan muestra un entorno dominado por los claroscuros que presagian el funesto destino del héroe popular encarnado por Marlon Brando, convertido en una estrella del celuloide tras el éxito de Un tranvía llamado deseo, la primera de sus tres colaboraciones con el realizador de la magnífica La ley del silencio¡Viva Zapata! presenta la situación social por la que atraviesa el país al mismo tiempo que muestra a un joven campesino que replica ante las palabras del presidente Porfirio Diaz (Fay Roope), que irritado ante la disconformidad del impertinente aldeano rodea el nombre de este en la lista que permite descubrir que se trata de Emiliano Zapata. Esa misma acción, de rodear el nombre de alguien que levanta la voz contra la injusticia, será realizada en la parte final de la película por el propio Zapata, cuando asume el puesto de presidente de la República de México, hecho que le recuerda que él no es un político sino un campesino que como aquellos lucha contra la injusticia social y la corrupción de los líderes que les ha condenado a la miseria. Entre ambas escenas se sucede el alzamiento del pueblo contra la opresión, guiados por hombres como Emiliano o Pancho Villa (Alan Reed), sin embargo, cuando alcanzan la paz esta no dura más que un suspiro, pues Francisco Madero (Harold Gordon), el nuevo líder del país, no tarda en ser asesinado por orden del general Huerta (Frank Silvera), quien pretende evitar el cambio por el que Zapata ha luchado y volverá a luchar cuando retoma las armas. El Emiliano Zapata de Kazan se desvela como un héroe trágico que se rige por una idea principal, encontrándose las demás supeditadas a esta, por eso sacrifica su vida personal, dominado por un enfrentamiento entre deber y querer, como se descubre en su matrimonio con Josefa (Jean Peters), en el enfrentamiento con su hermano Eufemio (Anthony Quinn) poco antes de la conclusión del film o en sus relaciones de amistad, cuando se ve obligado a ajusticiar a uno de los suyos. La vida de Emiliano se convierte en un drama forjado por las necesidades de un pueblo que precisa de una imagen idealizada que le conceda la fuerza y las esperanzas necesarias para luchar por una mejora en sus condiciones de vida, y de ese modo la leyenda sustituye al hombre y Zapata se erige en una figura que sobrevive al ser mortal cuando este ya no se encuentra entre los vivos para servirles de guía.

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