martes, 31 de julio de 2012

Donde habita el peligro (1950)


En Donde habita el peligro (Where Danger Lives) John Farrow convirtió a su pareja protagonista en víctimas de sí mismos, de sus temores y de sus ambiciones; sus destinos se unen para jugar con ellos, sin ofrecerles nada más que dos oportunidades para salir indemnes del pozo en el que se han metido, pero la primera se esfuma en un aeropuerto donde el temor les obliga a huir, aunque todavía no los buscan por el asesinato de Lannington, un pequeño detalle que desconocen y que también provoca que dejen escapar una segunda, ya que sus pensamientos condicionan sus actos y provocan las sensaciones que les llevan hacia a una huida sin retorno. Antes de que todo esto suceda, el brillante futuro del doctor Jeff Cameron (Robert Mitchum) desaparece sin saber cómo para convertirse en un presente incierto, en el que la aparición de una misteriosa paciente cambia su comportamiento y su existencia. Cameron trabaja sin descanso en un hospital que pretende dejar en cuanto tenga el dinero suficiente para abrir su propia clínica y casarse con Julie (Maureen O'Sullivan), una de las enfermeras del centro de salud; sin embargo, los planes pueden variar según las circunstancias inesperadas que se presentan. El ingreso en el hospital de una mujer que acaba de intentar suicidarse marca un cambio en el pensamiento de Cameron, que se confirma definitivamente cuando se convence para romper con Julie y proponer matrimonio a su paciente, Margo (Faith Domergue). A pesar de decirle que le ama, Margo no accede a la petición, porque afirma que su padre impediría el enlace, respuesta que el doctor ni esperaba ni es capaz de digerir, provocando que ahogue sus penas en alcohol para conseguir el valor que le permita presentarse en la mansión de ese hombre que no le quiere como yerno. La película de John Farrow resulta compacta, bien estructurada y agónica como consecuencia de la tensa atmósfera que envuelve a sus personajes, que no dominan sus propios actos, o lo que éstos generan, cuestión que Jeff Cameron empieza a descubrir cuando se encuentra cara a cara con el señor Lannington (Claude Rains). Nada tiene que ver el hombre que se encuentra delante de él con el que se habría figurado después de escuchar las palabras de Margo, ya que resulta ser su esposo y no su padre. El desengaño de Cameron le impulsa a salir de allí, sin embargo, los hechos que se producen escapan a su control, y en esa sala donde se encuentran los tres se desata una pelea entre el amante y el esposo (ambos engañados por Margo). Cameron encaja un golpe que le aturde, nublando su pensamientos, y antes de ir a refrescarse al servicio observa a Lannington tendido en el suelo. Su cabeza parece un hervidero a punto de estallar, apenas sabe dónde se encuentra y qué ha ocurrido, cuando se mira en el espejo todo parece dar vueltas a su alrededor, igual que al regresar a la sala donde Margo le informa de que su marido ha muerto como consecuencia del golpe contra el mueble. La primera reacción de Cameron parece devolverle la capacidad de pensar, al pretender llamar a la policía, pero su estado mental continúa turbio, aceptando el consejo de una mujer que le manipula a su antojo y que pretende escaparse con el dinero de su esposo. ¿Cómo habría actuado si no hubiese perdido la lucidez? ¿Se habría dejado manipular por Margo? Ahora esas preguntas no tienen la menor importancia ya que la situación no tiene vuelta atrás. 

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