lunes, 30 de enero de 2012

La reina de África (1951)

El viaje del Reina de África se podría definir como una especie una luna de miel prematrimonial llena de peligros y de vida para la pareja que lo emprende de manera fortuita, una aventura que les permitirá sentir la pasión, el amor y la compañía que nunca han experimentado. Por lo que  se descubre en el rostro y en el comportamiento de Rose Sayer (Katherine Hepburn) se puede aventurar, sin riesgo a equivocarse, que no se ha divertido jamás, incluso se percibe que nunca se ha valorado (ni la han valorado) como se merece, condenándose a un existencia gris, severa y fría, siempre tras los pasos de ese hermano misionero (Robert Morley) a quien ha acompañado hasta el África Central. Para Rose sería impensable imaginar que en aquel recóndito lugar descubriría cuanto se le había negado hasta que estalla la guerra, pero aún sería más impensable descubrirlo en compañía de un borrachín solitario encargado de transportar mercancías en su pequeña y destartalada, pero carismática, embarcación: la reina de África. Charles Allnut (Humphrey Bogart) se diferencia de Rose en las formas no en el fondo, pues ambos son individuos perdidos en busca de un algo que todavía no han experimentado, sin embargo, la aparición de los alemanes y la posterior muerte del reverendo Sayer permiten que Rose emprenda su huida a bordo de una embarcación que se convierte en testigo silencioso de su relación con Charles. La historia de La Reina de África (The Africa Queen) se desarrolla en 1914, al inicio de la Primera Guerra Mundial, en un África Central bajo dominio del imperio alemán, hecho fundamental para el posterior desarrollo de los hechos, puesto que a Rose esa realidad le permite dar rienda suelta a su imaginación (poco o nada utilizada hasta entonces), gestándose en su mente la idea de intentar alcanzar territorio británico descendiendo el Ulanga, un río innavegable en muchos de sus tramos. ¿Por qué no esperar tranquilamente a que la guerra finalice en lugar de arriesgarse a un enfrentamiento con el Louisa? Charles intenta hacer comprender a su nueva compañera (con quien parece no coincidir en ningún aspecto) que su empresa es una locura suicida; sin embargo, cuando Rose descubre que el Louisa es un acorazado alemán que patrulla por el lago, impidiendo el avance de las tropas inglesas, se reafirma en su idea, además la complementa con otra más descabellada: hundir la nave germana. Charles duda, se opone y no se bebe sus botellas de ginebra en ese mismo instante porque nunca pensaría que Rose fuese capaz de vaciarlas en las turbias aguas del río que le sirven para sus mezclas alcohólicas. Finalmente, tras comprender que nada puede ante la insistencia de su compañera, se impone la compasión que siente hacia ella y acepta participar en la locura a la que le obliga. Así comienza el descenso y su aventura, durante la cual nace el amor y se acercan unas  personalidades inicialmente enfrentadas. A medida que su particular viaje de novios avanza, Charles y Rose descubren que se trata de un momento excepcional en sus vidas, un crucero único que les ha regalado la oportunidad de descubrir una sensación desconocida que les colma y que les empuja a continuar, pese a las numerosas adversidades que deben superar (sanguijuelas, avispas, imprevistos mecánicos, el descenso por los rápidos o las ráfagas de balas disparadas por los rifles enemigos). Puede que, durante el complicado rodaje en el continente africano, John Huston estuviese de buen humor al poder cazar a sus anchas en compañía de su compañero de juergas y amigo Humphrey Bogart, hecho que permitiría que sus dos personajes principales resultasen más positivos que la mayoría de los perdedores que pueblan su magnífica filmografía, quizá por ello, Charles y Rose se encuentran en buena disposición para dejar atrás la mala suerte que han lastrado desde siempre aferrándose a un sueño que parece imposible, pero que no piensan abandonar. Las interpretaciones de Katherine Hepburn y de Humphrey Bogart fueron magistrales, ambos consiguieron que sus personajes resultasen creíbles, humanos y muy cercanos. Sin embargo, el rodaje de La reina de África (The Africa Queen) no resultó agradable para todos, pues tanto el guionista James Agee, como Katherine Hepburn sufrieron lo suyo durante la filmación; el primero abandonó la película siendo sustituido por Paul Viertel, quien escribiría un libro con las anécdotas del rodaje que años después serviría a Clint Eastwood para la realización de Cazador blanco, corazón negro; en cuanto a la famosa actriz, la experiencia le permitiría escribir su primer libro, al que títuló El rodaje de La reina de África o cómo fui a África con Bogart, Bacall y Huston y casi pierdo la razón.

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