viernes, 29 de abril de 2011

Imos de "Esmorga"

Tras la lectura de A esmorga(1959) de Eduardo Blanco Amor, hice un alto en el camino y regrese a una época en la que asistía (o no) a clase de "Lingua e Literatura Galega". Recuerdo cuando nos hablaban de una narración literaria escrita por un tal Blanco Amor, lo cual me dejaba en la más absoluta de las indiferencias, pues la lectura no era algo que me sedujese (mi idea de pasarlo bien era bastante cercana a la de los personajes de A Esmorga). Por lo tanto, estaba decidido, no tenía la menor intención de leer A Esmorga, y menos aún, si era una tarea impuesta. (¿Qué me importaba si "O Castizo", "O Bocas" o "O Milhomes" se dejaban arrastrar por sus diferentes personalidades en una juerga desenfrenada que les conduciría a un final que no hubiesen podido predecir?).
De nuevo en el presente (que ya es pasado), agradecí la vagancia que me impulsó a no leerla, ¿por qué digo esto? La respuesta me resulta sencilla, si lo hubiese hecho en aquel momento, no habría podido apreciar ni una décima parte del nivel narrativo o formal de una de las cumbres de la narrativa gallega. En la novela de Blanco Amor encontramos unos personajes marginales, de escaso bagaje cultural, lo que conlleva al autor a emplear un lenguaje popular y numerosas formas dialectales que enriquecen la narración hasta un extremo que nos permite conocer, más y mejor, la naturaleza de los protagonistas. Estos personajes se nos presentan mediante las respuestas que da "O Castizo", ¿a quién? Posiblemente a un funcionario o juez que va preguntando para concretar los sucesos acaecidos (y que nunca interviene en el relato, a no ser por alusiones del interrogado). Todo cuanto ocurre se enfoca desde la perspectiva de Cibrán "O Castizo", en él recae la carga de presentar y conducir los hechos que le unen a sus compañeros de esmorga. No se trata de un narrador objetivo, emite sus propios juicios, basándose en sus conocimientos, una visión muy sesgada del mundo en el que vive, pero válida y real. A lo largo de todas sus líneas percibimos la ignorancia como motor de sus actos, condicionada por la propia naturaleza de cada uno que les impulsa en uno u otro sentido. "O Castizo" pretende frenar y retirarse en más de una ocasión, aunque, finalmente, se deja manipular por "O Bocas", quien resulta ser un hombre violento, capaz de perder el dominio de sus acciones a la menor muestra de oposición ante sus ideas. "O Milhomes", un personaje cobarde, afeminado y desagradable (sensación que le produce al narrador) es uno de los elementos que consigue alterar el estado de ánimo de su compañero, no en vano, se evitan cuando se encuentran lúcidos, pero se buscan cuando pretenden correrse una juerga. Estas tres personalidades no son capaces de comprender las consecuencias de unos hechos que han transgredido la mera diversión. Para ellos no deja de ser otra "esmorga", quizá un poco más fuerte que las anteriores, una pequeña tormenta que remitirá con una desaparición temporal que, finalizada, devolverá la normalidad a sus vidas.

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