jueves, 12 de junio de 2014

Walsh y el western

Si nos ceñimos a sus memorias (El cine en sus manos, Each Man in His TimeRaoul Walsh, 1974), a inicios del siglo XX este neoyorquino de origen irlandés se lanzó en busca de su lugar en el mundo, primero ejerciendo de marinero en el barco de su tío y posteriormente como cowboy en suelo mexicano, donde aprendió a usar el lazo y a domar caballos, además de convertirse en un excelente jinete. Como consecuencia, Raoul Walsh condujo cabezas de ganado desde Veracruz hasta Texas, donde encontró trabajo como vaquero en un rancho que no tardó en abandonar para trasladar caballos a Montana, estado en el que desempeñó diversos oficios antes de regresar a Texas y dedicarse a la compra de monturas para el gobierno. Por casualidad, poco después, alguien le ofreció interpretar a un jinete en un espectáculo teatral basado en El hombre del clan, décadas después Peter Bogdanovich emplearía esta anécdota para dar forma a una de las escenas de Así empezó Hollywood (Nickelodeon, 1976), película en la que Walsh y Allan Dwan participaron como asesores. De vuelta a su ciudad natal, el futuro responsable de Al rojo vivo (White Heat, 1949) no tardó en ser contratado por la Pathé Brothers, productora que buscaba gente que supiese montar a caballo. Pero sus primeras interpretaciones fueron insuficientes para contentar a su inquieta personalidad, lo que, según él, le llevó a plantearse abandonar el mundo del cine, aunque, por fortuna para los amantes del séptimo arte, David Wark Griffith le hizo cambiar de opinión al contar con él para que formase parte de su aventura californiana. De ese modo Raoul Walsh y otros pioneros se trasladaron a un lugar donde nada se sabía del nuevo medio visual, pero donde, gracias a aquellos aventureros del celuloide, nació la que en pocos años se convertiría en la mayor industria cinematográfica mundial. Aunque en aquel instante de 1913 todo era muy distinto al Hollywood que Walsh vería crecer, triunfar y posteriormente desaparecer, pues a nadie le entraba en la cabeza que el nuevo espectáculo pudiese adquirir las dimensiones que visionarios como Gritffith demostraron en películas como El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915), en la que Walsh asumió labores de ayudante de dirección además de encarnar al hombre que disparó sobre el presidente Lincoln. Pero dos años antes de interpretar a John Wilkes Booth, Griffith le había ofrecido la oportunidad de debutar como director en el cortometraje The Pseudo Prodigal (1913), para posteriormente enviarle a México, en plena revolución, con la misión de rodar un film sobre Pancho Villa (con el propio general como protagonista). La vida de Villa (Life of Villa, 1914), codirigida por William Christy Cabanne, podría considerarse el primer contacto de Walsh con el western, aunque esto no sería del todo correcto, pues no se trata de un film que se encuadre dentro del género con el que mantuvo una relación estable desde sus inicios en el cine mudo hasta el final de su brillante trayectoria artística en Una trompeta lejana (A Distant Trumpet, 1964). Sus primeras aportaciones al western fueron cortometrajes silentes como Out of the Deputy's Hands o The Gun Man, ambas filmadas en 1914, The Lone Cowboy (1917), interpretada por Tom Mix, el vaquero por excelencia del periodo mudo, o el largometraje The Conqueror (1917), pero sus mejores trabajos durante este periodo serían la aventura fantástica El ladrón de Bagdad (The Thief of Bagdad, 1924), el drama bélico El precio de la gloria (What Price Glory, 1926) o La frágil voluntad (Sadie Thompson, 1928), basada en el drama teatral Lluvia.
Durante la filmación de su primer proyecto sonoro, también el primero rodado en exteriores, Walsh sufrió el accidente automovilístico que le dejó sin su ojo derecho, por lo que En el viejo Arizona (In the Old Arizona, 1929) tuvo que ser concluida por Irving Cummings. Este desafortunado incidente no impidió que continuase con su carrera artística, así pues, recuperado y resignado, se encargó de otro western exterior, de mayores dimensiones que el anterior, con el que sentó algunas de las bases del western de itinerario. Sin embargo La gran jornada (The Big Trail, 1930) tuvo una fría acogida y como consecuencia, durante la década que siguió, Walsh se mantuvo alejado de un género que La diligencia (John Ford, 1939) logró revivir y madurar, provocando un punto de inflexión dentro del mismo. En 1940 Walsh volvió a filmar una película del oeste: Mando siniestro (Dark Command, 1940), su segunda y última colaboración con el actor John Wayne, en ella se plantea una relación amorosa a tres bandas en tiempos de la Guerra de la Secesión, pero se trata de un film que dista de los grandes westerns que rodaría a continuación: Murieron con las botas puestas (They Died with Teir Boots On, 1941), protagonizada por su amigo Errol Flynn, narra desde una perspectiva aventurera la vida del general Custer; Perseguido (Pursued, 1947), western psicológico interpretado por Robert Mitchum y Teresa WrightRío de Plata (Silver River,1948), de nuevo con Flynn como protagonista, o Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), revisión en clave de western de El último refugio (High Sierra, 1940) (otra de sus grandes aportaciones al cine negro). Los años cincuenta trajeron más películas del género, que le permitieron trabajar con actores como Gary Cooper en Tambores lejanos (Distant Drums, 1951), Kirk Douglas en Camino de la horca (Along the Great Divide, 1951), Rock Hudson en Historia de un condenado (The Lawless Breed, 1953) y Fiebre de venganza (Gun Fury, 1953), Alan Ladd en Rebelión en el fuerte (Saskatchewan, 1954) o su amigo Clark Gable, en Los implacables (The Tall Men, 1955) y Un rey para cuatro reinas (A King and Four Queens, 1956). Como consecuencia del sistema de estudios imperante durante aquellos años, muchos de sus westerns fueron realizados exclusivamente por cuestiones contractuales, pero la mayoría se caracterizan por presentar personajes condicionados por pasiones, emociones o ambiciones, siempre vistos desde la sencillez, el dinamismo y el talento narrativo de este grande de aquel Hollywood ya desaparecido que tuvo su último contacto con el género en la novela La ira de los justos.

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