martes, 20 de marzo de 2012

El mundo de Apu (1959)

El mundo de Apu (Apur Sansar) cierra con brillantez la magnífica trilogía que Satyajit Ray, influenciado por el neorrealismo, realizó sobre un personaje que en esta entrega entra en la edad madura, con los problemas y decisiones que se presentan tras abandonar la infancia y la adolescencia. Apu Roy (Soumitra Chatterjee) ha concluido brillantemente el ciclo medio de ciencias, sin embargo no puede completar el grado superior porque no tiene dinero para pagar los costes de los estudios, como tampoco lo tiene para abonar el alquiler del cuarto donde vive. Apu no encuentra empleo en aquello para lo que se ha preparado, pero aún así no se plantea aceptar el puesto de oficinista que le sugiere su amigo Pulu (Swanpan Mukherjee), porque significaría abandonar su sueño de convertirse en escritor y ceder a un trabajo que no le llenaría. Sin responsabilidades familiares, Apu sobrevive impartiendo clases particulares, pero su situación económica le aprieta y le convence para tomarse un respiro, aceptando acompañar a Pulu hasta la casa de los tíos de éste; donde se celebra una boda que nunca llega a consumarse como consecuencia de la locura que ataca al novio instantes antes de la ceremonia. La anulación se considera una deshonra y de no celebrarse el enlace, según la superstición, una maldición caería sobre la familia; dicho motivo anima a Pulu a exponer a Apu la idea de que ocupe el puesto vacante; cuestión que el joven rechaza, aunque no tarda en cambiar de opinión, porque se convence de que sería una acción noble con la que ayudaría a la familia de su amigo. Apu y Aparna (Sharmila Tagore) son dos desconocidos que se ven por primera vez el día de su enlace, sin embargo, así son las costumbres y ella decide acompañarle a Calcuta, donde comienzan una vida en común llena de sacrificios, pero rebosante de amor y ternura. Los primeros momentos sirven para acercarse y descubrir, instantes que les permiten conocerse y comprobar los pequeños destalles personales que se convierten en los símbolos de un amor que nace y crece. Los gestos y las palabras de su esposa despiertan el amor que llena a Apu, el mismo que le convence para sacrificar parte de sus deseos al aceptar un trabajo del que antes huía, pero con el que puede ofrecer a su mujer algunas de las comodidades a las que estaría acostumbrada en el hogar paterno. Aparna prefiere sacrificar ese materialismo que no le llena y conseguir que su esposo le dedique más tiempo, de ese modo se convertirían en una verdadera unión; no obstante, Aparna y Apu se separan cuando la primera regresa a casa de sus padres, donde esperará, ansiosa, el nacimiento de su hijo y el reencuentro con su esposo. El mundo de Apu (Apur Sansar) posee la misma emotividad de sus predecesoras, y en ella se muestra como Apu encuentra el amor y como éste se pierde con la muerte de Aparna. En el interior de Apu se crea un vacío que le impulsa a vagar sin encontrarse, olvidando su pasión por la escritura y la figura de un hijo a quien culpa del hecho que cambia su vida. La existencia de Apu viene marcada por la constante presencia de la muerte, las personas más importantes desaparecen para dejarle en la soledad que le lleva a perder la esperanza, pero de igual modo, podría aceptar la presencia de otras que le proporcionasen una nueva oportunidad para reencontrarse. Apu ha perdido el rumbo que se había marcado, convertido en una sombra de aquel joven que vivía en la felicidad más absoluta cuando leía las cartas escritas por su amada esposa poco antes de dar a luz a su hijo o cuando hablaba de su novela, que no sería sino su biografía. Satyajit Ray concluyó el ciclo de Apu con una película sincera, llena de sentimiento y de sensibilidad, un cierre perfecto para la experiencia vital que mostró desde la infancia de su protagonista hasta esa madurez en la que se reencuentra con un hijo que le necesita y a quien necesita para recuperar la esencia que ha perdido.

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