viernes, 15 de julio de 2011

Dune (1984)


Dune fue un fracaso comercial y un blanco para una crítica que se cebó con ella, sin embargo, con el paso de los años ha ido ganando adeptos hasta convertirse en un título de culto. La misión encomendada a David Lynch no era fácil, pues debía adaptar la novela homónima de Frank Herbert, un relato con numerosos personajes y situaciones. ¿Fue acertada la decisión de poner a David Lynch tras las cámaras? Tras la excelente El hombre elefante y su primera producción, el film de culto Cabeza borradora, el director era una clara elección para trasladar a la pantalla un universo como el que se desarrolla en Dune. A pesar de la crítica, Lynch realiza una buena labor, expone los hechos ateniéndose a un tiempo limitado, que centra en la lucha entre dos familias rivales, los Atreides y los Harkonnen, al tiempo que presenta un planeta que se erige en el centro de todo. Arrakis es el único productor de la especie (melange), el más codiciado tesoro con el que cuenta el universo conocido, y en especial la Cofradía. Este preciado producto resulta vital para que sus navegantes puedan realizar viajes interestelares sin moverse de los estanques repletos de la valiosa sustancia que les ha transformado en no humanos. Existe una profecía en torno al planeta Arrakis, también conocido como Dune, un lugar inhóspito y desértico, donde nunca llueve y donde vive un puñado de seres (se ignora el número exacto) conocidos como Fremen. La profecía anuncia la llegada de un hombre que penetrará en el lugar prohibido, aquel donde nadie salvo él puede acceder, que revelará el secreto que le convertirá en el ser más poderoso del universo y en el libertador de Dune. La sospecha de la existencia del mesías queda patente antes de que La casa Atreides abandone Caladan (su planeta natal) para trasladarse a Arrakis, con la misión de sustituir a los Harkonnen en el control de la producción de la melange. Sin embargo, la traición, apoyada por una venganza sin límites, desatará una tragedia de proporciones incalculables, en la cual la familia encabezada por Leto Atreides (Jürgen Prochnov) será exterminada. Únicamente, su hijo Paul (Kyle McLachlan) y su madre Lady Jessica (Francesca Annis), una Bene Gesserit, se salvan gracias a la intervención del propio traidor. Dune es un film que no puede ser coral, a pesar de sus muchos personajes, y opta por centrarse en la figura de Paul Atreides, el posible elegido que llevará la libertad al planeta Arrakis. Paul es consciente de que él puede ser el durmiente, cada paso que da así se lo confirma, las pruebas a las que se ve sometido se saldan con éxito, sin embargo, la muerte de su padre y el exterminio de su pueblo, le llevan a clamar venganza. Su ira alcanza a todos los implicados, incluido el emperador (José Ferrer), un gobernante que ha pactado con el barón Harkonnen (Kenneth McMillan). Dune es una película en la que los malos y los buenos se encuentran claramente posicionados, sus pensamientos, sus actuaciones, el color de sus trajes y las imágenes de sus planetas natales así lo confirman. Resulta injusto descalificar este film, cuando en él se encuentran aciertos y una buena dirección, que proporcionan entretenimiento inteligente y un buen acercamiento al universo creado por Frank Herbert. Si bien es cierto que el excelente reparto con el que cuenta la película se encuentra desaprovechado, pero no por negligencia, sino por exigencias del guión y el tiempo en el que debe desarrollarse el metraje. Sería una ardua labor realizar un Dune que contentase a todos, y uno de los impedimentos reside en esas dos horas de duración, ya que precisaría un mayor número de minutos o reestructurar el guión hasta alejarlo del original literario, hecho que a muchos seguidores de la saga no contentaría. Sin embargo, ¿Por qué no decirlo?, la película resulta un acierto, tanto visual como narrativo, David Lynch se ve obligado a sintetizar la historia y la importancia de los personajes (se habló de que él había previsto una película de unas ocho horas de duración que se vieron recortadas por las imposiciones de los productores), pero siempre teniendo en cuenta el original y sus propios gustos, de ese modo ofrece una perspectiva correcta de los hechos que llevarán a la realización de la ansiada y temida profecía.

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