martes, 19 de junio de 2012

Monsieur Verdoux (1947)


 A día de hoy puede resultar extraño que un film de la lucidez y de la incuestionable valía de Monsieur Verdoux no fuera comprendido por el público y la crítica de su época, pero, más extrañaría a Charles Chaplin la postura de la censura (primero prohibió el guión y luego permitió su estreno sin más), su citación para declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas (aunque finalmente no llegó a comparecer), la hostilidad de la prensa y el mal recibimiento de su película. <<Confiaba mucho en el éxito de Monsieur Verdoux>>, pero este no se produjo debido a la incomprensión generada por un personaje que al tiempo es un asesino en serie y una víctima de la sociedad que le ha empujado a serlo, lo cual conlleva la feroz critica (presente a lo largo de su obra) a una sociedad que justifica guerras, desigualdades y miserias que eliminan a más personas que el ambiguo protagonista. <<El argumento está lleno de humor diabólico. Se trata de una amarga sátira y de una violenta crítica social>>. El humor negro al que Chaplin hizo alusión en Autobiografía fue fundamental para dar forma y sentido a esta sátira social que se encuentra entre lo más destacado de su magnífica filmografía, como también lo está ese individuo consciente de qué, por qué y para qué hace cuanto hace. Estos conocimientos lo alejan de la posibilidad de que alguien lo catalogue de psicópata, ya que asume aquello que observa a su alrededor y opta por la única solución que le permite sobrevivir, aunque para ello se vea obligado a ser alguien ajeno a quien en realidad es. Henri Verdoux (Charles Chaplin) aboga por la no violencia, es vegetariano y ni siquiera es capaz de pisar un gusano, sin embargo, mata a las mujeres con quienes contrae matrimonio, pero, para él, no es violencia ni crimen, solo negocios, porque, después de treinta años trabajando como un honrado empleado de banca, fue despedido con una palmada en la espalda y arrojado a la depresión económica en la que alguien de su edad no pudo encontrar un empleo al uso. Pero él no se rindió y montó un próspero negocio que consistía en casarse con mujeres maduras y quedarse con sus bienes. Y ahí sigue el bueno de Verdoux, trabajando en un oficio en el que hay que dar el callo todos los días y a todas horas, sin vacaciones, sin seguro médico ni derecho al desempleo, siempre yendo de aquí para allá, sin poder detenerse más que durante un breve suspiro que aprovecha para ver a su esposa legal (Mady Correll) y a su hijo (Allison Roddan), por quienes hace lo que hace, para que puedan vivir con la dignidad que han intentado arrebatarles. En un momento determinado de la película, Verdoux justifica su pensamiento ante la joven (Marilyn Nash) que recoge en la calle con la intención de utilizarla como conejillo de indias, en ese instante alega que vive en un mundo cruel donde tiene que ser igual de cruel para sobrevivir. Las técnicas del Barba Azul son efectivas, como atestigua la desaparición de doce mujeres y que la policía se encuentre incapacitada para resolver el caso, también se mueve por toda Francia en busca de inversiones y cobrando los intereses que le generan, cuestión que se observa en casa de Lydia Floray (Margarett Hoffman) o durante su insistente encuentro con Annabella Bohheur (Martha Raye), la más afortunada de sus muchas esposas, y quien más se resiste a ceder sus posesiones, por lo que este atípico autónomo ya no sabe qué hacer con ella. Con esta magistral comedia, Chaplin demostró que no existían incoherencias en su discurso fílmico, en el que siempre expuso su punto de vista humanista, adornado de humor, pesimismo y un atisbo de esperanza, con el que pretendía hacer hincapié en problemas que surgen dentro de una sociedad mejorable, con la que él no se encontraría a gusto debido a la hipocresía reinante. <<Lo que Verdoux proclama es que resulta ridículo mostrarse impresionado por la amplitud de sus atrocidades, que son una simple "comedia de crímenes", en comparación con los cometidos en masa y legalizados por la guerra, que el "sistema" adorna con galones dorados>>. El tono empleado por Chaplin ironiza sobre ese "sistema" que fomenta-permite las guerras (perdida de miles de vidas humanas que no se consideran asesinatos), las crisis económicas (miseria que ahoga a sus miembros y les apartar) o deshumaniza al individuo (perdida de sentimientos y de identidad como persona), consciente de ello su Verdoux se preguntaría ¿por qué no montar su propio negocio para mantener a los suyos? De tal manera el personaje asume como correcto inventarse varios alias (Varnay, Bonheur o Floray) que le permiten otros tantos oficios (anticuario, capitán de barco o ingeniero), los cuales le sirven de tapadera para recorrer el país en busca de la materia prima con la que continuar despuntando en un sector tan inusual como el de asesino de mujeres ricas, al menos durante dos años más, porque posiblemente para entonces ya tenga la cantidad suficiente para retirarse con Mona y con Peter. Pero los sueños de este curioso asocial se truncan como consecuencia de la caída de la bolsa, lo que provoca la pérdida de su capital y de sus esperanzas, no por el dinero en sí, sino por una consecuencia inmediata: la pérdida de su mujer e hijo, víctimas de la carestía que conlleva el derrumbe bursátil. Charles Chaplin aprovechó ese instante de profunda crisis para apuntar algunos de sus efectos inmediatos, entre ellos el desempleo y la miseria, el aumento de la violencia y de la desesperanza, como también el auge de ideologías tan peligrosas e irracionales como las que dominaron en Europa durante la década de 1930 y parte de la siguiente, a las que Verdoux-Chaplin se opone rotundamente, porque Henri Verdoux es un pacifista (aunque un tanto extraño) consciente de que se le juzga por sus negocios, cuando nadie denuncia la violencia y los conflictos bélicos que se producen dentro de esa sociedad que permite (e incluso aplaude) sus males al tiempo que crea a individuos como él.

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