martes, 22 de octubre de 2013

Yolanda, la hija del Corsario Negro (1953)

El escritor Emilio Salgari afirmaba que muchos personajes que aparecían en sus novelas se basaban en personas reales que conoció durante sus viajes, de ser cierto tal aseveración esta carecería de validez para Yolanda de Ventimiglia (May Britt), personaje ficticio, y para Henry Morgan (Guido Celano), personaje real que vivió en el siglo XVII, durante el cual se desarrolla la aventura propuesta por Salgari y llevada a la pantalla por el también escritor Mario Soldati. El guión adapta la novela Yolanda, la hija del Corsario Negro, la tercera del ciclo que el novelista italiano dedicó a los piratas de las Antillas, compuesto por cinco títulos e inaugurado por El corsario Negro. Tanto la narración como la película tienen como protagonista a la hija del famoso pirata, asesinado por el vástago de su enemigo, quien ha alcanzado el rango de duque de Medina (Marc Lawrence) y el puesto de gobernador de Maracaibo. Antes de que se produzca el inevitable enfrentamiento entre el malvado del relato y la pirata, que nada tiene que ver con la más convincente interpretada por Jean Peters en La mujer pirata (Jacques Tourneur, 1951), se descubre a una niña de dos años que viaja con el zíngaro a quien Medina encargó su muerte. Pero Sam (Umberto Spadaro) no cumple el mandato y se convierte en el mentor de la pequeña después de que ambos sean recogidos por un grupo de saltimbanquis. En una rápida sucesión de imágenes Yolanda aprende a lanzar cuchillos, a esgrimir la espada y a montar a caballo, de tal manera que crece en fuerza y destreza hasta convertirse en la mejor espadachín con quien uno pueda cruzar el acero. En pocos minutos han transcurrido dieciocho años, y la niña se ha convertido en un joven intrépido que demuestra su valor y valía durante una refriega en la que salva a una dama en apuros, pero en la que el viejo Sam cae herido de muerte. La damisela en cuestión resulta ser Consuelo de Medina (Barbara Florian), la hija del gobernador, quien viendo en la joven a su apuesto salvador le recompensa con un anillo y con su amor. Ambos regalos servirán a las intenciones de Yoli cuando descubra su verdadero origen de boca del moribundo, pues poco antes de que éste exhale su último suspiro le entrega una carta y el mapa del tesoro de Enrico Ventimiglia, su verdadero padre, conocido por todos como el Corsario Negro. Yolanda, la hija del Corsario Negro (Jolanda la figlia del Corsaro Nero) se muestra irregular en las escenas de acción y en algunas interpretaciones, sobre todo la de May Britt, quien no supo o no pudo dotar ni de fuerza ni de carácter a su personaje. A pesar de los fallos, éstos se ven compensados por la exposición de los hechos que rodean tanto a la traición que sufren los corsarios liderados por Henry Morgan a manos del gobernador como por la relación de atracción que se produce entre Consuelo y Yoli, cuando la pirata se vale de la pasión que despierta en la doncella para acercarse a su enemigo. De igual modo cabe destacar la caída del villano en un final atípico para el género, más cruel que el acostumbrado duelo de espadas con el que se suelen resolver este tipo de enfrentamientos entre el héroe, en este caso heroína, y el villano de turno, que en esta ocasión no sucumbe bajo el acero, sino que logra escapar de una muerte rápida y limpia para subir a una barca que se adentra en aguas infestadas de tiburones y descubrir que sus acompañantes son leprosos con quienes compartirá el resto de sus días.

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