jueves, 23 de mayo de 2013

El hombre del brazo de oro (1955)

Una década antes de que Otto Preminger rodase El hombre del brazo de oro (The Man with the Golden Arm) Billy Wilder había realizado un soberbio estudio sobre el comportamiento de un escritor dominado por su sed de alcohol en la excepcional Días sin huella (The Lost Weekend). En aquélla, el personaje interpretado por Ray Milland muestra como su adicción al whisky consume su existencia entre estados de ansiedad, impotencia y embriaguez. Algo similar sucede con Frankie Machino (Frank Sinatra), el drogadicto del drama de Preminger, que presenta una adicción similar a la mostrada en Días sin huellas (The Lost Weekend), aunque en este caso no se trata de alcohol, sino de heroína. Tras su reclusión en un centro de desintoxicación, Frankie se cree un hombre nuevo, y posiblemente lo sea en el instante de poner de nuevo los pies en la calle, pero su retorno al barrio que le vio caer se descubre repleto de desencanto, culpabilidad, tentaciones o personas que amenazan a su nuevo yo. Así pues, todo se presenta en su contra: Louis (Darren McGavin), su antiguo camello, le atosiga para que recaiga, mientras, Schwiefka (Robert Strauss) le acosa para que vuelva a trabajar como crupier en su garito; pero, quizá, el mayor obstáculo para que el nuevo comienzo sea posible se encuentra en su esposa (Eleanor Parker), cuya inmovilidad crea el complejo de culpa que asfixia a Frankie. Las tres situaciones, unidas a su desilusión ante la falta de noticias del empleo de músico en el que ha depositado sus esperanzas, le dirigen inexorablemente hacia la recaída dentro de un espacio donde la imposibilidad de seguir luchando se convierte en una realidad. De ese modo, su ilusión y sus buenas intenciones se rinden ante las viejas y malas costumbres, quizá porque en ellas encuentra la vía de escape que le aleja de un entorno donde nadie, salvo Molly (Kim Novak), le ofrece una oportunidad. Tras una primera dosis, que supuestamente iba a ser la única, se produce su salto al vacío, cayendo una vez más en el infierno de dependencia que conlleva la pérdida de su voluntad. El hombre del brazo de oro (The Man with the Golden Arm) es una reflexión cruda y realista sobre la drogadicción, adelantada a su tiempo, en la cual Preminger no necesitó mostrar las drogas que dominan a Frankie, pues la enfermedad de aquél se descubre desde la magistral interpretación realiza por Frank Sinatra, sobre todo cuando su personaje sufre el síndrome de abstinencia que provoca la pérdida del control sobre sus actos, e irrumpe primero en casa de Louis y después en la de Molly, donde intentará un último esfuerzo para alcanzar el comienzo con el que había soñado antes de que su esposa, egoísta y desequilibrada, sus antiguos conocidos, buitres a la espera de su presa, o él mismo, desesperado ante su imposibilidad, le arrebatasen las pocas opciones que tenía para salir airoso de un espacio opresivo que le empujó a ese único pinchazo, que le condujo a otro y luego a otro más...

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