miércoles, 9 de enero de 2013

Jennie (1948)

Uno de los grandes logros de Jennie (Portrait of Jennie) reside en el carácter pictórico que se descubre en parte de sus imágenes, como si formasen parte del pensamiento del pintor que narra las sensaciones que lo dominan a lo largo de este clásico romántico, producido por David O.Selznick y dirigido por William Dieterle, un realizador a menudo olvidado, pero con una filmografía que revindica su recuerdo, porque en ella se pueden encontrar títulos como Esmeralda, la zíngara, La bala mágica, Cartas a mi amada, Soga de arena o Ciudad en sombras. Se puede vivir en un mismo presente y nunca encontrarse, aunque también se puede vivir en dos tiempos diferentes y enamorarse, descubre Eben Adams (Joseph Cotten), el solitario pintor sin éxito que sin saberlo se detiene a hablar con una niña que marca su existencia. El primer encuentro con Jennie (Jennifer Jones) cambia la actitud, sombría y desencantada, del artista al descubrir en ella algo intemporal, quizá en sus ojos tristes o en el aire onírico que la envuelve. Cuando la joven aparece en pantalla crea a su alrededor una atmósfera fantasmal que parece querer advertir a Eben que se encuentra dentro de un sueño. En el segundo encuentro la niña ha crecido inexplicablemente, lo que provoca una sensación de fantasía que para el pintor pierde importancia porque sus sentidos y sus emociones le dicen que ella es real, a pesar de observar el paso de los años en esa adolescente que pocos días atrás no era más que una niña. Después de las primeras apariciones de Jennie, el artista siente la necesidad de conocer más sobre ella, ya que las explicaciones que esta le ofrece no hacen más que aumentar el enigma que la rodea; y aunque el pintor no llega a comprender que habitan en tiempos distintos sí percibe cierto halo misterioso que le atrae y que posteriormente se convierte en una especie de obsesión, cuando advierte que se ha enamorado de alguien con quien solo puede compartir encuentros fugaces, tras los cuales intenta plasmar sus sentimientos retratando a esa mujer que se ha erigido en el centro de su existencia. Podría ser que el pensamiento de Eben Adams haya sido el creador de la imagen de Jennie, no obstante para él es tan real como lo puedan ser Matthews (Cecil Kellaway) o la señorita Spinney (Ethel Barrymore), quien a primera vista descubre la sensibilidad y la capacidad del pintor para realizar algo hermoso, cuestión que se confirma cuando contempla el retrato de una mujer que existió en un tiempo pretérito, pero también en la realidad pictórica-romántica donde presente y pasado se encuentran y se aman.

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