martes, 4 de diciembre de 2012

Tú y yo (1957)

Dieciocho años después de realizar la primera versión de Tú y yo (An Affair to Remember), Leo McCarey revisionó las sensaciones y los sentimientos que afloran durante el encuentro de dos desconocidos que, sin esperarlo, descubren un amor que idealizan y que les aparta de cuanto les rodea. Acostumbrado a no dar palo al agua y a vivir a costa de las mujeres, el famoso Nickie Ferrante (Cary Grant) intenta pasar desapercibido a bordo de ese transatlántico donde todos los pasajeros lo observan y chismorrean sobre su próxima boda con una rica heredera (Neve Patterson). Sobre la cubierta del barco, Ferrante se encapricha de Terry McKay (Deborah Kerr), la mujer en quien descubre aquello que no ha encontrado en sus múltiples relaciones anteriores. Quizá, porque al igual que Nickie, Terry parece haber asumido una existencia que no le satisface, pero que le proporciona la falsa idea de comodidad y de opulencia al lado de un hombre (Richard Denning) a quien no ama y que le aguarda al final del crucero. El romance entre ellos es inevitable, y se gesta sobre la cubierta y en los lujosos salones del navío, y cobra forma definitiva durante la escala en Villafrache, cuando la pareja visita a la abuela del playboy (Cathleen Nesbitt) en un paréntesis que les permite acercarse y vislumbrar una felicidad que acuerdan materializar en lo alto del Empire State seis meses después de que el buque arribe en Nueva York. El tiempo que se conceden antes de su unión definitiva tiene la doble finalidad de arreglar sus asuntos personales y de asegurar que sus sentimientos no se han deteriorado con una separación que debe concluir cuando ambos acudan a la cita, que nunca llega a producirse como consecuencia del accidente sufrido por Terry, aquel que le imposibilita ascender hasta ese simbólico cielo donde aguarda el amor que ambos han idealizado. Tú y yo es una película que habla de sueños, deseos y frustraciones mediante la presencia de dos seres perdidos que se encuentran ante su última oportunidad para hacer real la idea de felicidad, la misma que, poco a poco, se introduce en sus pensamientos para formar parte fundamental de sus personalidades, porque el sentimiento que les domina cuando comparten espacio les aleja de las carencias de sus experiencias amorosas anteriores y posteriores a esa cita imposible en las nubes, la cual da paso a una realidad más terrenal, dominada por la sensación de pérdida y por la resignación que implica el saber que no pueden consumar el amor que ambos han estado aguardando.

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