Ir al contenido principal

Una familia de tantas (1948)



A la espera de que algún día se conozcan los clásicos de otras cinematografías, en la profundidad e igualdad de condiciones que conocemos los de la estadounidense, habrá que “inconformarse” con recorrer muy por encima el cine realizado en otras latitudes, perdiéndose de este modo la oportunidad de disfrutar de obras fílmicas tan interesantes como la de Alejandro Galindo, un cineasta prácticamente desconocido por estos lares, y sin embargo con una carrera que se prolongó cerca de cincuenta años, durante los cuales rodó más de setenta títulos entre los que cabe destacar: Campeón sin corona (1945), drama ambientado en el mundo del boxeo, ¡Esquina bajan...! (1948), comedia en la que se enfrentan los intereses de dos compañías de transporte urbano, Doña Perfecta (1951), adaptación de la novela homónima de Pérez Galdós, o Espaldas mojadas (1955), trágica historia centrada en la vida de un inmigrante ilegal al norte de la frontera mexicana; todas ellas clásicos de una época en la que posiblemente México poseía la producción cinematográfica más importante de habla hispana. Pero quizá su película más lograda sea Una familia de tantas (1949), que ocupa un puesto de privilegio dentro de la historia del cine mexicano, aunque no por ser reconocida en su día con nueve nominaciones y siete premios Ariel, tres de los cuales (película, dirección y guión) fueron a parar a manos de Galindo, sino por el acierto con el que el cineasta mezcló comedia y drama a la hora de exponer la rigidez reinante en el hogar de los Castaño, una familia de clase media dominada por la inflexible autoridad paterna, la cual impide la realización individual de aquellos que no sean el propio don Rodrigo (Fernado Soler). Sin embargo esta opresiva monotonía empieza a tambalearse tras la fortuita aparición de Roberto del Hierro (David Silva), representante de una empresa de aspiradoras que, como él, simbolizan la modernidad que hasta entonces no ha tenido cabida en el seno familiar.


Se comprende que se trata de personajes antagónicos, siendo Roberto un individuo de pensamiento flexible y tolerante, mientras que don Rodrigo se muestra incapaz de aceptar que existan más opciones correctas que las suyas. La irrupción del vendedor se produce cuando en la casa solo se encuentra Maru (Martha Roth), la hija que está a punto de cumplir los quince años que, según la tradición, marcan su paso de niña a mujer, y como tal se enamora del comercial. Mas los quince años de Maru no conllevan un cambio en su percepción de la realidad en la que vive, como comprende durante la celebración de su cumpleaños al observar a su padre con el mismo temor que días atrás. Como consecuencia del miedo a la imagen dictatorial representada por el cabeza de familia, la joven no siente la plenitud que presuponía al convertirse en adulta, quizá porque es consciente de que se le niega la opción de asumir sus propias decisiones, pues continúa sometida a las normas y mandatos paternos. A partir de ese instante se producen ciertas circunstancias (el embarazo no deseado de la novia del hijo mayor o la imposición de un novio a Maru) que aumentan la sensación de que el hogar de los Castaño es un espacio asfixiante dominado por el férreo control impuesto por don Rodrigo, quien para mantenerlo es capaz de llegar a emplear la violencia física, con ella castiga a su hija Estela (Isabel del Puerto) después de descubrirla besándose con su prometido; pero dicha brutalidad no logra sus propósitos, ya que provoca la fuga de la agredida e implica el principio del fin de la inexistente unión familiar, que se rompe definitivamente cuando Maru asume sus propias decisiones y desobedece a esa figura autoritaria que nunca ha contemplado la posibilidad de que tanto sus hijos como su esposa (Eugenia Galindo) posean sentimientos propios y necesidades lícitas ajenas a las impuestas.

Comentarios

  1. Hola Toño. Tras acabar el ensayo que he escrito con Marilú Mendoza, mi amiga mexicana, me dices que hace muchos años ya escribiste una reseña pionera de esta joya del cine universal, que he visto muchas veces, he admirado sin límite, y he llorado muchas más. Gracias por ser el faro del cine mundial. Y vergüenza de España y su colonialismo miope que ignora las obras mayores de la cultura de América Latina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Francisco. Gracias a ti y a Marilú Mendoza. Vuestro ensayo, publicado en tu magnífico blog “Acorazado cinéfilo”, es un lujo y desde aquí recomiendo su lectura (y el visionado de la película) a cualquiera que le guste el cine y, en particular, a quien desee conocer mejor esta espléndida obra maestra de la época dorada del cine mexicano, realizada por el brillante Alejandro Galindo. Y ciertamente, hay muy buen cine hecho en Latinoamérica. El problema es el de siempre, que la mayoría se queda en el cine hecho en Hollywood, como si este fuese el único existente.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...