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Río salvaje (1960)


El éxito de público obtenido por anteriores producciones de Elia Kazan fue imposible para Río salvaje (Wild River, 1960), pues este excelente drama, en el que Kazan empleó una lírica intimista y trágica para mostrar el enfrentamiento entre el progreso y la tradición, apenas tuvo presencia en las pantallas, aunque dicha imposibilidad no cambia el hecho de que se trate de una de las cimas de su cine. Más poética y natural que las exitosas Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire, 1951) o Al este del edén (East of Eden, 1955), el cineasta pudo llevar a cabo un film tan personal como Río Salvaje después de varios años trabajando en su guión; primero en solitario, <<no acababa de escribir un guión que me gustase, pero me negaba a coger a alguien para trabajar con él porque había decidido escribirlo yo>> (Kazan en respuesta a Michel Ciment en Elia Kazan por Elia Kazan), y posteriormente contratando los servicios de diversos escritores hasta dar con Paul Osborn, con quien escribió las páginas que trasladaría a la pantalla. Para Kazan se trataba de uno de sus films preferidos, con él alcanzaba su plenitud autoral e iniciaba la etapa más personal de su carrera cinematográfica, la más íntima y, salvo la excepción de Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass; 1961), la menos popular entre el público. Al tiempo que expuso el conflicto que habita en sus personajes, el responsable de La ley del silencio (On the Waterfront, 1954) desveló parte de sí mismo y de su sentir hacia su país de adopción, algo que ya había hecho con anterioridad, aunque no desde la sencillez y la sinceridad que se observan en cada plano de esta magnífica película. Las imágenes que abren el film muestran las aguas crecidas del río Tennessee para anunciar el conflicto que se desatará después de introducir los rostros de los afectados por la fuerza destructora que arrasa a su paso. El tono documental precede a la imagen de Chuck Glover (Montgomery Clift), el nuevo encargado de la T.V.A (Tennessee Valley Authority), cuya misión principal consiste en convencer a Ella Garth (Jo Van Fleet) para que venda sus tierras y así poder llevar a cabo el proyecto del pantano que evite las crecidas y lleve a la zona a una nueva era que choca con la postura de la anciana, una postura que marca el inicio de ese conflicto humano que va más allá de la negativa a desprenderse de su pasado, de sus sentimientos y de su libertad. El cauce de Río salvaje transita por un espacio donde pasado y presente chocan como dos fuerzas naturales que provocan la inseguridad de su protagonista masculino, portador del progreso y de la racionalidad que no tienen cabida en unas tierras marcadas por la tradición, pero también por el salvajismo que no tiene su origen en las crecidas del caudal del Tennessee, ni tampoco en la anciana cuya postura y pensamiento poco a poco generan las simpatías del extraño. El río salvaje expuesto por Kazan se descubre en los Bailey de la zona, en su interpretación de las costumbres que han protegido hasta su actualidad, la cual se ve amenazada por la presencia del recién llegado, que ni las comparte ni las comprende y por ello pretende cambiarlas a pesar de la actitud dominante. A medida que avanza el enfrentamiento externo, el protagonismo del interno que se descubre en Chuck cobra mayor relevancia, sobre todo en su relación con Carol Garth (Lee Remick). Ella es el personaje clave, una mujer fuerte, natural e íntegra, en quien pasado y presente se equilibran para asumir la relación que nace sin aviso previo, con la misma fuerza destructora y creadora de las aguas que rodean la isla donde su abuela echó raíces muchos años antes de la llegada del progreso y del New Deal que Chuck trae consigo en ese presente durante el cual el pasado se resiste a ser enterrado bajo las aguas, aunque un pasado que desaparece en el instante en el que Ella Garth es obligada a abandonar su isla, sus recuerdos y su vida.

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