lunes, 3 de abril de 2017

Tres hombres malos (1926)

<<John Ford: El doctor Arrowsmith (Arrowsmith, 1931), El delator (The Informer, 1936), Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath, 1940), Hombres intrépidos (The Long Voyage Home, 1940), Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley, 1941), El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952), es el Director Completo, el decano de los directores, indudablemente el más grande y el más versátil en sus películas. Un megáfono ha sido para John Ford lo que el cincel para Miguel Ángel: su vida, su pasión, su cruz. Ford no puede ser clasificado. Es puro Ford, lo cual significa puro grande. John es medio tirano, medio revolucionario; medio santo, medio Satán; medio posible, medio imposible; medio genio, medio irlandés..., pero todo director y todo norteamericano>>. La numeración y la definición escrita por Frank Capra en sus memorias -Frank Capra. El nombre delante del título- me arreglan media entrada, pero sobre todo llaman mi atención por lo acertadas, también por la admiración expuesta sin tapujos por un gran cineasta hacia otro, aunque ¿qué director no admiraría al medio tirano, medio revolucionario y puro grande responsable de Centauros del desierto (The Searchers, 1956)? Para profesionales y aficionados, Ford es sinónimo de cine, de buen cine, de un cine inimitable que empezó a adquirir grandeza a medida que avanzaba el periodo silente, en películas como Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926), quizá (y escribo "quizá" porque la mayoría no se conservan) las más fordiana de las realizadas hasta entonces, pero también el punto y aparte de su idilio con el western, género al que regresaría con la brillantez del ya <<Director Completo>> en La diligencia (The Stagecoach, 1939). Tomando como telón de fondo la colonización de los territorios de las Dakotas, que posteriormente formarían parte de los Estados Unidos, Tres hombres malos se desarrolla desde el humor típico del <<medio santo>>, desde la épica e intimismo del <<medio irlandés>>  (las secuencias de la brutal carrera con la que el gobierno pretende repartir las tierras a colonizar en oposición a los sentimientos que mueven a "Bull") y la (profunda) sencillez narrativa del <<medio genio>>, que concedió el protagonismo de su historia a tres personajes marginales que anteceden en comportamiento y oficio -al margen de la ley- al trío de forajidos de Tres padrinos (3 Godfathers, 1948). En lugar del recién nacido recogido por los atracadores interpretados por John Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey, Jr., "Bull" Stanley (Tom Santschi), Mike Costigan (J.Ferrell MacDonald) y "Spade" Allen (Frank Campeau) se responsabilizan de Lee Carleton (Olive Borden), la chica que pierde a su padre, asesinado mientras se trasladaban hacia Custer en busca de su nuevo hogar. Aparte de asumir su protección, los tres ladrones de caballos formar un núcleo familiar alrededor de la muchacha, pero sus condiciones de fuera de la ley les hace creerse indignos de ella, por lo que asumen la obligación de dejarla en manos mejores que las suyas. Como consecuencia, "Bull" decide encontrarle un marido y de todos los posibles candidatos Dan O'Malley (George O'Brien) parece el adecuado: también busca su hogar en Dakota, viajaba con Lee antes de separarse y ambos comparten la mutua atracción que se hace visible durante su reencuentro. Pero tanto Lee como Dan solo funcionan como excusa para que el <<medio revolucionario>> convierta a los tres delincuentes en principio y fin de la historia. Medio pendencieros, medio contradictorios, medio generosos, ellos son puros antihéroes fordianos y, como tales, su deambular al lado de Lee expone su amistad, su lealtad, su imposibilidad de acceder a un hogar y su sacrificio, asumido para lograr que la joven sobreviva y sí pueda acceder a su nueva existencia en ese territorio donde la fiebre del oro reclama la presencia de buscavidas, aventureros, soñadores o lobos con piel de cordero como Hunter (Lou Tellegen), el supuesto sheriff de Custer y un matón al servicio de sus intereses.

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