viernes, 24 de febrero de 2017

James Whale. El padre de la criatura y de la novia

La novela de Christopher Bram El padre de Frankenstein (Father of Frankenstein, 1995) y la adaptación cinematográfica que de la misma realizó Bill Condon en Dioses y monstruos (Gods and Monsters, 1998) rescataron a James Whale del olvido popular en el que no habían caído sus dos obras maestras, inspiradas en la criatura descrita por Mary W. Shelley en Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein; or, The Modern Prometheus, 1816). Pero, aparte de El doctor Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein (1935), que poco tienen que ver con la creación literaria de Shelleytambién cuenta entre sus títulos con el melodrama romántico El puente de Waterloo (1931), con otras dos destacadas aportaciones al género de terror, El caserón de las sombras (1932) y El hombre invisible (1933), el melodrama musical Magnolia (1936), al parecer la preferida de su filmografía, o la aventura de capa y espada El hombre de la máscara de hierro (1939). Nacido en Dudley (Inglaterra) en 1889, en el seno de una familia obrera dedicada a la siderurgia, Whale mostraba un comportamiento y un gusto por la pintura que no encajaban en el medio tradicional donde se sentiría tan incomprendido y solitario como su personaje más emblemático. Avergonzado de sus orígenes humildes, intentó ocultarlos bajo la aristocrática fachada que mantendría hasta el final de sus días, cuando, alejado de los platós, olvidado por Hollywood y consumido por la depresión generada por su dolencia cerebrovascular, decidió poner fin a su vida en 1957. Décadas antes, como tantos miles de jóvenes de su generación, la Gran Guerra (1914-1918) lo llevó hasta los campos de batalla europeos. En 1917 fue hecho prisionero y, sin experiencia teatral, durante su cautiverio empezó a realizar algunas representaciones para entretenimiento de sus compañeros, descubriendo una afición que tras la contienda se convertiría en su profesión. De vuelta a su país natal inició su carrera profesional diseñando decorados y apareciendo como extra en diversos montajes. Su camino artístico había comenzado, pero su confirmación llegó cuando asumió la dirección escénica del drama bélico Journey's End, cuyo éxito traspasó las fronteras británicas y lo llevó hasta Broadway. Por aquel entonces el cine sonoro se imponía al silente y los estudios buscaban en el teatro profesionales que ayudasen a los cineastas veteranos en su transición al nuevo avance. De tal manera Whale fue contratado por Paramount Pictures como director de diálogos, función que desempeñó sin acreditar en The Love Doctor (Melville W.Brown, 1929). Poco después fue fichado por Howard Hughes para filmar las escenas dialogadas de Los ángeles del infierno (Hell's Angels; H.Hughes, 1930), una producción que se rodó sin sonido, aunque fue rehecha para adaptarse a los nuevos tiempos. Ese mismo año le llegó su oportunidad tras las cámaras, en la adaptación cinematográfica de Journey's End, un éxito de público y de crítica que un año después posibilitaría su contrato con Universal Pictures, donde realizaría la mayor parte de su carrera. Su primera producción para la empresa de Carl Laemmle fue El puente de Waterloo, cuya buena acogida posibilitó que el estudio le permitiese escoger entre varios proyectos, siendo su elección la libre adaptación de la novela de Mary W. Shelley y de la obra de teatro Frankenstein, de Peggy Webling. El resultado fue un nuevo éxito para el ciclo de terror sonoro de la Universal, inaugurado meses antes por Tod Browning con su Drácula  (1931). Este tipo de cine se prolongaría a lo largo de la década y parte de la siguiente, pero ningún personaje, con permiso del vampiro interpretado por Bela Lugosi o la novia encarnada por Elsa Lanchester, se convertirían en iconos populares de la magnitud del interpretado por Boris Karloff en El doctor Frankenstein. El monstruo inmortalizado por Karloff regresa a la memoria colectiva cuando se evoca a la criatura de Shelley, pero más allá del nacimiento de un mito cinematográfico, la película es una magnífica defensa de las diferencias humanas. En su primera obra maestra, Whale expuso la soledad, la incomprensión y el rechazo, la búsqueda de un lugar donde ser aceptado y de cómo la inocencia puede ser destruida por quienes, asustados por cuanto no comprenden, repudian esa diferencia representada en un monstruo para nada monstruoso, quizá porque solo es la cara que se mantiene oculta. La incomprensión que genera el personaje de Karloff volvería a ser retomada por el director británico en la que sin duda es su mejor película. Aunque La novia de Frankenstein funcionó bien en la taquilla, no obtuvo el rotundo éxito comercial de su predecesora, pero en ella se observa mayor complejidad en la intención del cineasta, quien, tras conseguir la total libertad creativa, realizó una reflexiva burla sobre los convencionalismos y la supuesta perfección que margina a sus personajes más emblemáticos, entre ellos El hombre invisible. No toda su filmografía gira en torno al cine de terror humanista, irónico y transgresor, de hecho, el cineasta se decantaba por el melodrama o por el cine bélico en su vertiente antibelicista, sin embargo, tras filmar MagnoliaCarl Laemmle vendió su empresa y la carrera de Whale sufrió el duro revés que significó El camino de vuelta (The Road Back, 1937). La película pretendía ser una segunda parte de Sin novedad en el frente (All Quiet in the Western Front; Lewis Milestone, 1930), pero las presiones políticas que llegaban de la Alemania nazi, amenazando con prohibir su estreno en el país (y otras producciones Universal), provocaron desavenencias entre el realizador y los nuevos directivos de la empresa, quienes acabaron contratando a un nuevo director para suavizar un film que perdió su esencia original. Como consecuencia de las alteraciones en el montaje, la película resultó un fracaso y la independencia profesional que Whale había adquirido bajo el mandato de la familia Laemmle tocó a su fin. Su rebeldía se saldó con dos proyectos de bajo presupuesto y de escaso interés en los que se desperdiciaba su talento, pero que se vio obligado a asumir para cumplir su contrato. A partir de ahí, exceptuando su adaptación de Alejandro Dumas, sus películas no se encuentran a la altura de un realizador del talento de Whale, minusvalorado y ninguneado hasta el extremo de verse fuera de un medio al que aportó sus inolvidables criaturas desamparadas, enojadas y condenadas por presentar diferencias dentro del orden establecido que se niega a aceptarlas.



Filmografía como director

El final del viaje (Journey's End, 1930)
Los ángeles del infierno (Hell's Angels; Howard Hughes, 1930) (sin acreditar)
El puente de Waterloo (Waterloo Bridge, 1931)
El doctor Frankenstein (Frankenstein; 1931)
El horror al matrimonio (Impatient Maiden; 1932)
El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932)
El beso ante el espejo (The Kiss Before the Mirror, 1933)
El hombre invisible (The Invisible Man; 1933)
A la luz del candelabro (By Candlelight, 1934)
Estigma liberador (One More River, 1934)
La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935)
¿Recuerdas lo de anoche? (Remember Last Night?, 1935)
Magnolia (Show Boat, 1936)
The Road Back (1937)
The Great Garrick (1937)
Port of Seven Seas (1938)
Sinners in Paradise (1938)
El beso revelador (Wives Under Suspiction, 1938)
La máscara de hierro (The Man in the Iron Mask, 1939)
Green Hell (1940)
They Dare Not Love (1941)
Personnel Placement in the Army (1942)
Hello out there (1949) (cortometraje)


Bibliografía

Memba, Javier; El cine de terror de la Universal; T&B Editores, Madrid, 2004
Pedrero Santos, Juan A. James Whale. El padre de Frankenstein. Calamar Ediciones, Madrid, 2011.
Serrano Cueto, José Manuel; De Monstruos y hombres. Los reyes del terror de la Universal; T&B Editores, Madrid, 2007.
Casas Quim; El terror de la Universal. Especial Cine de Terror (1), revista Dirigido por..., número 290, mayo 2000.


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