sábado, 21 de enero de 2017

Los jóvenes invasores (1957)

Su experiencia en el frente durante la Primera Guerra Mundial, le sirvió para dotar de sinceridad a sus producciones bélicas, la primera de ellas, Alas (Wings, 1927), ya apuntaba su capacidad para mostrar el lado humano de los soldados durante su estancia en el campo de batalla. Tras su exitoso primer acercamiento al bélico, William A.Wellman regresó con cierta asiduidad al género, siendo sus aportaciones más conocidas y sobresalientes También somos seres humanos (Story of G.I. Joe, 1945) y Fuego en la nieve (Battleground, 1949). Pero al contrario de estas, en Los jóvenes invasores (Darby's Rangers, 1957) se decantó por un estilo narrativo en el que tienen cabida tanto la comedia como el melodrama, y esto se debe a que el periplo que sigue la película abarca desde los orígenes de los Rangers hasta su desintegración tras la batalla de Anzio. De este modo, el film de Wellman se inicia en un despacho de Washington donde la cámara muestra al sargento Saul (Jack Warden), el encargado de narrar los hechos que se irán desarrollando a lo largo del film, para inmediatamente descubrir al oficial, William Darby (James Garner), que escucha de palabras de este suboficial que el alto mando ha dado luz verde a su idea de crear un nuevo cuerpo militar. Como padre de la criatura Darby se muestra satisfecho y asume desde el primer instante una actitud paternal respecto a su creación y a los jóvenes voluntarios que le darán forma. Sus Rangers nacen en los despachos, para crecer en la localidad escocesa de Dundee donde los soldados llegan después de ser presentados por la voz en off de Saul. Ellos son los protagonistas de la historia, son jóvenes y pasarán parte de su tiempo en los campos de entrenamiento y en contacto con la población civil, lo que implica actitudes diferentes, sobre todo respecto a las mujeres y al amor. Allí se descubre al soldado Rollo (Peter Brown) viviendo un amor inocente que pretende confirmar con su matrimonio después de la guerra, también el idilio de Hank (Stuart Whitman) y Wendy (Joan Elan) o la relación exclusivamente física que Sutherland (Corey Allen) mantiene con una mujer casada (Andrea King). Estas circunstancias provocan que la primera parte de Los jóvenes invasores adquiera su forma melodramática, con algún apunte cómico a cargo de los solados que componen ese grupo que entra en combate en África y continúa luchando en Italia. Desde el momento que abandonan la localidad escocesa, hacia la mitad del metraje, la película profundiza en el conflicto bélico, aunque no abandona las relaciones humanas que se producen entre los soldados y la población civil, un ejemplo de ello es la desarrollada entre el teniente Dittman (Edward Byrnes) y Angelina (Etchika Choureau), a quien el novato oficial inicialmente confunde y trata como a una prostituta, comportamiento que delata la desorientación previa a su aprendizaje. Pero, por encima de cualquier otra circunstancia, el interés de Wellman siempre regresa a la actitud protectora y comprensiva de Darby, quien, como buen padre, atiende, se preocupa, vive y sufre las mismas experiencias que aquellos que considera hijos suyos, quizá por esa actitud paternalista, por el enfoque de las relaciones mostradas y por las dosis de humor, Los jóvenes invasores resulte una película más amable que Fuego en la nieve o Todos somos seres humanos, aunque, al igual que estas, funciona sin altibajos gracias al excelente dominio de la narración de un cineasta capaz de equilibrar sencillez, comicidad, melodrama y tragedia en su seguimiento de ese grupo que se adentra y avanza por el horror de la guerra hasta que finalmente se desintegra.

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