viernes, 21 de octubre de 2016

Tangos. El exilio de Gardel (1985)


<<El destierro es redondo
un círculo, un anillo:
le dan vueltas tus pies, cruzas la tierra,
no es tu tierra,
te despierta la luz, y no es tu luz,
la noche llega: faltan tus estrellas,
hallas hermanos: pero no es tu sangre.>>


(fragmento de "Exilio", de Pablo Neruda)


Debido al control de la censura militar, el cine argentino vivió durante la segunda mitad de la década de 1970 el peor periodo creativo de su historia, y no sería hasta la entrada de la siguiente cuando empezaron a producirse brotes de títulos más comprometidos y de mayor calidad, como serían el drama Tiempo de revancha (1981) y el thriller Últimos días de una víctima (1981), ambas realizadas por Adolfo Aristarain. La tímida aparición de películas críticas con el régimen militar formaba parte del imparable y deseado proceso de democratización que culminó con las elecciones celebradas el 30 de octubre de 1983. La nueva situación política trajo consigo una nueva realidad socio-cultural que afectó a todos los ámbitos del país y, como consecuencia, al medio cinematográfico. La censura fue sustituida por una comisión asesora, lo cual propició el florecimiento de un cine que renacía con fuerza y con la responsabilidad asumida por veteranos y jóvenes realizadores que, desde su mirada retrospectiva y liberal, pretendían reflexionar y dejar constancia de los errores del pasado inmediato. Varias fueron las temáticas que los cineastas abordaron en sus películas, entre ellas el exilio, tratado entre otros por David Lipszyc en Volver (1982) y por Fernando Ezequiel "Pino" Solanas en su novedosa e inclasificable ficción musical Tangos. El exilio de Gardel (1985) y en Sur (1988). Pero hubo muchas más producciones que posibilitaron que la cinematografía argentina recobrase el interés y la vitalidad perdida durante la dictadura. Películas complejas, críticas y reflexivas como la exitosa La historia oficial (Luis Puenzo, 1985) y esta producción de Solanas posicionaron al cine argentino a nivel internacional. La primera se alzaba con el Oscar a la mejor producción de habla no inglesa en 1986 mientras que El exilio de gardel (Tangos) triunfaba en todos los festivales internacionales donde se proyectaba. Pero estos reconocimientos no tienen mayor relevancia que aquella que le puede otorgar en su carrera comercial y en el prestigio de sus autores, lo significativo de estas dos producciones, y de otras como el documental La República perdida (Miguel Pérez, 1983), No habrá más penas ni olvidos (Héctor Oliveira, 1983), Los chicos de la guerra (Bebe Kamin, 1984), Contar hasta las diez (Óscar Barney Finn, 1984) o La noche de los lápices (Héctor Oliveira, 1986), se encuentra en sus temáticas y en cómo fueron expuestas por sus responsables. El film de Solanas habla de la búsqueda de la identidad perdida en el exilio, que él mismo experimentó durante los años que vivió en París, donde solo pudo realizar un único proyecto, el documental La mirada de los otros (Le regard des autres, 1980). De tal manera, Solanas asumió su propia experiencia lejos de su tierra para exponer la intimidad de aquellos que, como él, se vieron divididos en dos partes separadas por un océano y una dictadura. Esas dos mitades se descubren en la capital francesa, en el día a día de los desterrados argentinos, en su desorientación, producida por el no saber cuál es su lugar en el mundo, o el saberlo sin poder acceder a él, en sus recuerdos del hogar al que desean regresar y en las personas que anhelan volver a ver. El exilio les ha partido el alma sin que esta pueda unirse en ese espacio ajeno, donde realidad y recuerdos conviven separados, conscientes de la pérdida, del anhelo y del desarraigo que se exponen desde la gestación de la "tanguedia" que los protagonistas del film pretenden llevar a cabo. <<Pero ¿qué es la tanguedia?>>, pregunta una mujer francesa antes de que alguien le explique que es tango, tragedia y comedia. Estos son los tres vértices del espectáculo musical que el grupo de exiliados emplea para exteriorizar sus sentimientos, sus anhelos y su nacionalidad. Mientras se desarrolla un proyecto sin final, se combinan la música, el baile y la intimidad de personajes como Mariana (Marie Laforêt), Juan Dos (Miguel Ángel Solá), Gerardo (Lautaro Murúa) o María (Gabriela Toscado), que narra y canta el exilio que ha vivido desde niña, aunque ella lo concentra en 1979, durante la gestación de la obra musical que sirve de excusa para profundizar en la situación de aquellos que sin patria física se aferran a la que llevan dentro, mientras suspiran por volver a sentirse completos, aunque, como consecuencia de su condición de niña del exilio, la búsqueda de María, la de su lugar y la de su identidad, la diferencia de sus mayores.

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