lunes, 3 de octubre de 2016

Los valientes andan solos (1962)

La imagen en blanco y negro de Jack (Kirk Douglas), tumbado sobre el suelo, apoyada su cabeza sobre su silla de montar, abre Los valientes andan solos (Lonely Are the Brave). Segundos después, la tranquilidad que rezuma esta escena, que podría ser la de un western clásico, se rompe con la interferencia del sonido de los reactores que sobrevuelan el cielo que observa. Los aviones le confirman y nos confirman su condición de hombre fuera de tiempo y de lugar, ajeno a la modernidad que va descubriendo mientras avanza montado sobre su caballo. Alambradas, carteles o el asfalto por donde circulan automóviles, remarcan el rechazo de Jack y hacia Jack. Así se inicia la intimista y pesimista adaptación cinematográfica de la novela de Edward Abbey, realizada por David Miller y guionizada por Dalton Trumbo en un guión que fue definido por Kirk Douglas como el mejor que leyó en su vida. Aparte de la aportación de Trumbo, de la acertada dirección de Miller, posiblemente su mejor película, y de las interpretaciones de Douglas y Walter Matthau, destaca el empleo de la fotografía en blanco y negro de Philip H.Lathrop, la cual resalta la desubicación de aquel que se acerca a la civilización (modernidad) para ayudar a un viejo amigo. La perspectiva vital de Jack sería la de cualquier cowboy nómada que transitaba por las grandes extensiones del viejo oeste, un espacio y un tiempo desaparecido mucho antes de su nacimiento, no así la visión que ha heredado y asumido como suya de un entorno sin fronteras, sin alambres y sin leyes como la que ha condenado a Paul (Michael Kane) a dos años de cárcel. El primer encuentro de Jack con un semejante se produce en una casa donde saluda a una mujer con quien podría mantener una relación sentimental, y así es, aunque no la que podría creerse a primera vista, ya que no tarda en comprenderse que este hombre no tiene más ataduras que las riendas de su yegua. Jerry (Gena Rowlands) es la mujer de su único amigo, detenido por dar cobijo y alimentos a inmigrantes ilegales que pasaron la frontera que, para individuos como Jack o Paul, no deja de ser una línea imaginaria creada por los intereses humanos y no por el espacio natural, que ni entiende de legalidades ni de particiones. Por ello, el protagonista no comprende por qué se condena a alguien por ayudar a un semejante a asentarse en un espacio libre, como tampoco puede explicarse el por qué la sociedad transforma el medio natural hasta el extremo de eliminar su esencia. Lo que sí comprende este individuo fuera de tiempo es la fidelidad y la unión de la amistad, y esta le dice que su deber es ayudar a su antiguo compañero, y la única forma que tiene de hacerlo implica que lo encierren. Así que busca pelea en un bar para que lo encarcelen, pero con la mala fortuna de que lo sueltan y se ve obligado a agredir a un policía, lo que supone un año de condena, tiempo más que suficiente para que alguien libre, de barrotes físicos e imaginarios, enloquezca. Ante la negativa a huir de aquel a quien pretende ayudar, y después de recibir una paliza del carcelero (George Kennedy), Jack emprende su fuga en solitario por un terreno escarpado que domina, aunque siempre perseguido por la modernidad (representada en ese espacio todavía salvaje por un todoterreno y un helicóptero) que finalmente acaba por alcanzarle sobre el asfalto. Más allá de su etiqueta genérica de western moderno, Los valientes andan solos es la lucha de un individuo por sobrevivir a una sociedad homogénea que ha perdido la libertad y el amor por un modo de vida que solo sobrevive en él, ya que su amigo ha cambiado, aunque lo haya hecho por su familia, y asuma haber cometido el error (de ayudar a semejantes) por el que debe pagar su deuda con la justicia, cuestión esta que a Jack le confirma la soledad que comparte con la yegua en la que simboliza su manera de sentir y su negación del presente que le persigue implacable por las montañas hasta encontrarlo sobre el asfalto donde se confirma su imposibilidad existencial. 

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