domingo, 9 de octubre de 2016

El batallón de las sombras (1956)

En El batallón de las sombras Manuel Mur Oti repartía el protagonismo femenino entre varias mujeres para rendir homenaje al género, aunque este habría que entenderlo en su contexto histórico-social. ¿Mur Oti fue consciente de que su intención no alcanzaba a todas las mujeres? Posiblemente no, carecería de la perspectiva histórica necesaria, porque su interpretación del sexo femenino estaría limitada por la de su época y, por lo tanto, estaría condicionada por el modelo aceptado. Para explicar esto solo hay que ubicar la película en su tiempo, la década de 1950, y en su espacio, un país conservador que reprimía, limitaba y condenaba a la mujer a una realidad que impedía su desarrollo más allá de lo establecido como correcto. Como consecuencia, en su mayoría, la española de los años cincuenta asumía un papel secundario dentro la sociedad y, a riesgo de ser repudiadas, pocas serían las que traspasaban los límites sociales. Las protagonistas de El batallón de las sombras son sufridas, luchadoras y generosas en su constante apoyo a quienes, en ocasiones, no valoran la importancia que tienen en sus vidas, y, aunque son indispensables, se les niega la posibilidad de liberación que les permita igualarse al sexo masculino. Esta circunstancia delata la situación femenina durante el franquismo, similar a la de naciones más liberales, y esta sería la perspectiva asumida por el cineasta, la de una mujer supeditada a la tradición conservadora defendida por un sistema anclado en ideas inamovibles y en viejas costumbres que ralentizaban la evolución social y entorpecían la igualdad entre géneros. Dicho esto se comprende que se trata de un reconocimiento parcial en el que no tienen cabida aquellas mujeres que traspasasen el umbral de lo correcto, aunque en la España de por aquel entonces tampoco abundarían las osadas que desafiaran al sistema. Las mujeres que presenta la película de Mur Oti son sufridas heroínas, aunque en sus hogares. Son madres y esposas de hombres que se comportan como idiotas, y sin ellas estarían perdidos, pero, más allá de las sombras a las que alude el título, ni se muestran emprendedoras ni desafiantes con el contexto que limita su situación. Durante los minutos iniciales, un narrador (Rolf Wanka) se personifica en la pantalla para dirigirse al público. Su soliloquio dice una cosa mientras envía un mensaje distinto, aquel que se descubre en su ironía y posteriormente en el interior del edificio que, salvo momentos puntuales, sirve de escenario para desarrollar varias historias paralelas. La estructura coral de El batallón de las sombras permite observar varios arquetipos masculinos: un actor (Antonio Vico) cuyo talento reside en morirse, un compositor (Albert Lieven) que triunfa y se fuga con la vedette de su opereta, un pintor (Vicente Parra) que se muere de hambre, un aspirante a inventor (José Suárez) incapaz de ser original o un obrero (Albert Hehm) y padre de familia que no encuentra trabajo, en contraposición, las mujeres parecen cortadas por el mismo patrón, trabajan en el hogar, son amas de casa, planchadoras o costureras, solo una se muestra distinta y, debido a esa diferencia, Lola (Emma Penella) es rechazada por el vecindario. Solo cuando se decide a fregar las escaleras de la casa, supuesto momento en el que se iguala a las demás, es aceptada e incluso encuentra un pretendiente formal (Fernando Nogueras). Con este panorama, el homenaje de Mur Oti se comprende hijo de su tiempo, por lo que resulta incompleto al dejar fuera a cualquiera que no se ajuste a las características asumidas como válidas, ya sean mujeres como Lola o aquellas que destaquen por sus logros profesionales, por su inteligencia, por su creatividad o por sus deseos de ir más allá de las sombras que las encierran. Pero, dejando a un lado el estatus femenino en la España de la dictadura, El batallón de las sombras retrata con acierto la cotidianidad de los inquilinos del edificio donde se descubre a hombres desorientados por sus fracasos o por la ausencia de trabajo y a mujeres que los apoyan hasta el extremo que se observa en Luisa (Lida Baarova), que acepta sin reproches la vuelta de su marido al hogar después de que este la abandone por una cantante, o en Magdalena (Amparo Rivelles), que cae enferma por exceso del trabajo que durante años le ha mermado la salud para que Pepe continuase fantaseando con la posibilidad de ser inventor. El tono cómico de su inicio, en mayor parte debido al narrador y a la presentación de los personajes, da paso al drama individual y colectivo que se vive en cada una de las viviendas donde son ellas quienes muestran entereza y mayor capacidad a la hora de abordar las carencias y los reveses que se producen en determinados momentos de sus vidas. También son ellas quienes animan a sus parejas a creer en sí mismos al tiempo que les conceden el cariño y el apoyo necesario para que puedan proseguir con sus intereses y con sus sueños, actitud que se verá recompensada en el caso de Magdalena, cuando cae enferma y Pepe asume un cambio de actitud que lo empuja a buscar trabajo para hacerse cargo de ella, aunque, siendo mal pensados, esto podría interpretarse como la recuperación del orden establecido por el conservadurismo y el machismo de su época.

No hay comentarios:

Publicar un comentario