sábado, 11 de octubre de 2014

Arma fatal (2007)

La segunda y la más irregular de las tres películas que conforman la "Trilogía Cornetto de Tres Sabores" toma como referencia el thriller de acción para dar continuidad al humor iniciado por Edgar Wright y Simon Pegg en Zombies Party (Shaun of Death, Edgar Wright, 2004); de modo que, en esta ocasión, también se describe (caricaturiza) al personaje principal en un par de minutos, definiendo su personalidad, que se descubre opuesta a la de Shaun y a la de Gary King (los roles interpretados por Pegg en las otras dos películas del tríptico). Nicholas Angel (Simon Pegg) se presenta como un policía incansable, eficaz y entregado a la lucha contra la criminalidad que amenaza la seguridad ciudadana, una actitud loable que deja en mal lugar al departamento de la policía metropolitana de Londres, ya que la perfecta ejecución de su cometido provoca la drástica reducción de los delitos urbanos. El imparable descenso de crímenes en las calles alarma a sus compañeros, temerosos de perder el empleo ante la falta de delincuentes a quienes echar mano, motivo más que suficiente para que los superiores de Angel sientan la apremiante necesidad de trasladarle lejos de la City, a una pequeña y modélica villa, aunque un tanto siniestra en cuanto a la elevada tasa de accidentes mortales y al comportamiento de sus habitantes más respetables, que abogan por "el bien común". Allí, lejos de su hábitat natural, el ahora ascendido a sargento, continúa incapaz de tomarse un respiro (para plantearse necesidades, deseos o inquietudes), de tal manera, desempeña su trabajo policial igual que en la urbe, siempre atento y alerta en defensa de una ley en la que cree a rajatabla y que no permite que nadie incumpla, ni siquiera por el bien común del que hablan los vecinos. Dentro de ese mismo ambiente, donde no existen pruebas de criminalidad y en donde a nadie le preocupa el delito, hay espacio para un agente del orden tan inmaduro como Danny (Nick Frost), irresponsable, aficionado al pub y a los cornettos, pero también un apasionado de Le llaman Bodhi (Point Break; Kathryn Bigelow, 1991) o Dos policías rebeldes (Bad Boys, Michael Bay, 1995); afición esta que provoca que elija a Nicholas como el modelo a seguir, ya que en su nuevo compañero descubre a uno de los héroes de las películas de acción que consume a diario, héroes de celuloide a quienes desea emular en un pueblo donde aparentemente el crimen brilla por su ausencia y los policías pasan su jornada laboral saboreando tarta y helado mientras se ríen de ocurrencias "casi" ingeniosas. En este pacífico y ordenado entorno el agente Angel no encaja ni por asomo, rodeado de una amabilidad extrema y de una tranquilidad callejera que solo se ve enturbiada por la desaparición de un cisne o por algún vecino que ha cortado un seto que no le pertenece. No obstante, esta armonía social que le desquicia no impide ni los accidentes mortales ni sus sospechas de que algo se esconde tras ellos, un algo oscuro que le impulsa a asumir la investigación que le conduce al borde de la locura, más que nada por la imposibilidad de hacer despertar a un entorno sumido en la falsa idea de paz y seguridad, similar a la alienación (apatía) que domina a los muertos andantes de Zombies Party. El inicio de Arma fatal (Hot Fuzz) anuncia un ritmo trepidante y un humor que satiriza al cine de acción de las décadas de 1980 y 1990, desarrollándose ambos a lo largo de un metraje que en determinados momentos presenta cierta irregularidad con respecto a los más brillantes, pero este desequilibro narrativo no impide que en su conjunto Arma fatal resulte una divertida parodia de tantas parejas letales que inundaron el actioner hollywoodiense, pero sobre todo resulta una visión irónica de esa sociedad "perfecta" que provoca la transformación (despertar) de un agente adicto al sistema en alguien que lucha contra él, al menos contra el impuesto en ese idílico pueblo donde hacia el final del film asume como suya la imagen idealizada que Danny tiene del héroe de acción.

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