domingo, 20 de julio de 2014

Sangre en Filipinas (1943)


En contadas ocasiones el cine bélico ha concedido el protagonismo absoluto a personajes femeninos, sin embargo Sangre en Filipinas (So Proudly We Hail, 1943) es una espléndida excepción que está protagonizada por tres actrices de primer orden: Claudette Colbert, Paulette Goddard y Veronica Lake. La película realizada por Mark Sandrich recrea la experiencia vivida por un grupo de enfermeras durante la invasión japonesa de las islas Filipinas en 1942 y, para conferirle mayor veracidad y exactitud, Allan Scott, responsable del guión de esta producción de propaganda bélica rodada durante la contienda, entrevistó a las supervivientes de los hechos reales que, en la pantalla, se presentan a partir de los recuerdos de varias voluntarias del cuerpo de enfermeras de la armada, a quienes se descubre sobre la cubierta del navío que las devuelve a los Estados Unidos tras su dura vivencia en suelo filipino. Desde sus palabras se accede a su estancia en el archipiélago asiático donde se convierten en el centro exclusivo de lo expuesto por Sandrich, un cineasta que 
llevaba el ritmo narrativo y musical en la “sangre”, como demostró, sobre todo, en las películas que protagonizaron Fred Astaire y Ginger Rogers, comedias musicales de gran éxito como La alegre divorciada (The Gay Divorce, 1934), Sombrero de copa (Top Hat, 1934) o Sigamos la flota (Follow the Fleet, 1936). Pero en esta producción Sandrich se desmarcó del género que le dio fama y realizó un destacado retrato de la caída de Filipinas a través de la trágica experiencia vivida por este grupo de mujeres a quienes se ensalza en su entrega y sacrificio.


L
os primeros compases de la película presentan sus personalidades y las relaciones personales que se desarrollan dentro del entorno bélico que las aparta de la rutina y la seguridad que han dejado atrás. Su nueva situación las obliga a asumir responsabilidades que no se habrían planteado cuando se ofrecieron voluntarias, pero también les ofrece la oportunidad para demostrar su valía mientras se producen las relaciones amorosas como la que surge entre el teniente John Summers (George Reeves) y la teniente Janet "Davy" Davidson (Claudette Colbert), a quien en el presente se descubre en un estado de hundimiento psicológico que encuentra su explicación a lo largo del flashback que ocupa la mayor parte del metraje. Los primeros recuerdos trasladan la acción al buque en el que viajan rumbo a Pearl Harbor, poco antes del inesperado bombardeo que provoca entre otras cuestiones el cambio de rumbo y su llegada a Filipinas, donde las tropas japonesas avanzan sembrando el suelo de cadáveres y heridos que reciben las atenciones de unas enfermeras que intentan superar las dificultades profesionales y personales que se presentan mientras las tropas norteamericanas retroceden ante la contundencia del invasor. A parte de mostrar la situación bélica en lugares como Batan o Corregidor, Sangre en Filipinas nunca deja de profundizar en la intimidad de las protagonistas, a quienes se observa desde una perspectiva romántica que sirve para desarrollar los sentimientos de "Davy" o los que se descubren en la teniente Joan O'Doul (Paulette Goddard); pero también aquellos que marcan el comportamiento de la teniente Olivia D'Arcy (Veronica Lake), inicialmente aislada del resto como consecuencia de la trágica experiencia que ha fomentado su odio hacia los japoneses y creado su distanciamiento con el resto de sus compañeras. Lo expuesto por Mark Sandrich cumplió con su fin propagandístico sin perjudicar su intención de dotar de entidad y fortaleza a personajes atípicos dentro de las producciones bélicas de la época, pues estos no son soldados sino mujeres que, desde el coraje que habita en ellas, asumen su lucha diaria dentro de un entorno que las amenaza y las obliga a superar las numerosas trabas externas e internas que las afectan y provocan su maduración.

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