sábado, 12 de abril de 2014

Batman vuelve (1992)

De las dos aproximaciones de Tim Burton a Batman, la segunda presenta un estilo visual  plenamente integrado en su universo cinematográfico, del mismo modo que lo hace su tratamiento de los personajes o su manera de abordar la historia, y esto fue posible gracias a los éxitos encadenados con Bitelchús, Batman (tras su estreno se convirtió en la película de mayor recaudación de la historia de la Warner) y Eduardo Manostijeras, que lo convirtieron en un director privilegiado dentro del panorama hollywoodiense de la época. Con esto no se trata de juzgar cuál de sus dos películas sobre Batman es mejor o peor, sino constatar que las excelentes recaudaciones de sus films anteriores le permitieron una libertad creativa absoluta a la hora de retomar el personaje del hombre murciélago, siendo esta una de sus condiciones para asumir las aventuras de un superantihéroe que de nuevo compartió el protagonismo de la trama, en esta ocasión con tres seres que al igual que él presentan una doble cara. El inicio de Batman vuelve (Batman Returns) delata el gusto de Burton por los cuentos oscuros y los ambientes enrarecidos que se descubren en Gotham, ciudad nocturna y dominada por escenarios siniestros como las cloacas, el cementerio o un zoológico solitario y sombrío. En dicha metrópolis sobresalen tres personajes que muestran un rostro público que esconde otra parte de ellos, aquella que mantienen oculta por diferentes motivos. Así pues, se comprende que el Pingüino (Danny DeVito) no es el monstruo que parece ser a primera vista, por momentos semeja un desheredado similar a los inolvidables personajes que habitan en el circo de Freaks (Tod Browning, 1933), sino un ser exiliado del mundo de los humanos como consecuencia de sus diferencias físicas, las mismas que provocaron el rechazo de sus padres y su decisión de arrojarlo al arroyo cuando tan solo era un bebé. Aquel momento del pasado marcó su presente, en el que se enfrenta su odio hacia los humanos con su necesidad de ser aceptado por esos mismos individuos que lo repudian y temen, lo cual revela el conflicto emocional que lo domina y que condiciona su conducta. En una situación pareja de lucha interna también se encuentran Celina Kyle (Michelle Pfeiffer) y Bruce Wayne (Michael Keaton), quienes sin sus máscaras asumen una verdad que solo es la parte visible de aquella que encierran hasta que cubren sus rostros y se enfundan en los trajes que los transforman en la mujer gato y el hombre murciélago. Como Catwoman, Celina puede dar rienda suelta a ese otro yo que ha mantenido encerrado en su interior hasta el momento de la agresión de Max Schreck (Christopher Walken), quien, aparte de compartir nombre con el protagonista de Nosferatu (Friedrich.W.Murnau, 1922), la arroja por la ventana para así preservar sus secretos. A partir de ese instante nace otra Celine, una especie de Mrs Hyde que da rienda suelta a la parte animal que le permite aceptar sus instintos, hasta entonces escondidos, y sentirse segura de sí misma a la hora de encarar miedos pasados y deseos frustrados. Esta personalidad liberada llama la atención de Batman, del mismo modo que la nueva Celine lo hace con su alter ego Bruce Wayne, y lo hace porque existe el reconocimiento de que ambos son iguales en su dualidad. Pero este cuento de monstruos de Tim Burton no pretende un final feliz como el de los cuentos de hadas, pues al contrario que aquellos personajes infantiles y uniformes, los protagonistas de Batman vuelve viven una realidad interior marcada por las dobles verdades que luchan en las sombras de sus conciencias, y que fluyen al exterior según demande su contacto con el resto de individuos que pueblan esa Gotham gótica, tenebrosa y, en ocasiones, subterránea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario