miércoles, 19 de febrero de 2014

Zombies party (2004)

El pub es el centro de las actividades de Shaun (Simon Pegg), un zombie entre zombies, a quien le cuesta comprender que su vida no marcha hacia ninguna parte, como tampoco sospecha que su relación de pareja se ha visto afectada o infectada por su aceptación (sumisión) a la rutina en la que vive, y en la que semeja encontrarse a gusto, pues en Shaun prevalece la negativa a asumir la madurez o las responsabilidades que podrían provocar diferencias entre un día y el siguiente. Este zombie no infectado se descubre con veintinueve años y sin más expectativas que la de tomarse unas pintas de cerveza en compañía de su inseparable Ed (Nick Frost), un tipo que ha asumido su condición de inmaduro vitalicio desde la sinceridad que le diferencia de los muertos vivientes que Zombies party (Shaun of the Dead) muestra antes de que estalle la epidemia que a la postre despierta a Shaun de su letargo, y que le obliga a asumir tres responsabilidades básicas: visitar a su madre (Penelope Wilton), recuperar a Liz (Kate Ashfield) y arreglar su vida. Entre tantas comedias repetitivas, insulsas y carentes de gracia, Zombies party resultó una agradable sorpresa, siendo la primera que el actor Simon Pegg y el director Edgar Wright escribieron en conjunto. También sería la primera entrega de su "Trilogía Cornetto de Tres Sabores", aunque bien mirado podría denominarse "trilogía del pub alienante", si se tiene en cuenta que, en cada uno de los films que la componen, el local se descubre como un espacio habitado por individuos que semejan haber caído en una vorágine de rutina y desidia. Además de las similitudes entre las tres películas, la trilogía presenta distintos enfoques genéricos para abordar un mismo tema, que plantea entre otras cuestiones la pasividad, la inmadurez (o madurez) y la falsa idea de bienestar. De modo que Zombies party se decanta por el cine de muertos vivientes, mientras que Arma fatal (Hot Fuzz, 2007) se expone desde el thriller policíaco y Bienvenidos al fin del mundo (The World's End, 2013) desde la ciencia-ficción. Pero en todas ellas la reflexión expuesta por Pegg y Wright se realiza desde una perspectiva desenfadada en la que el humor, los géneros y los referentes cinematográficos se mezclan para dar forma a divertidas gamberradas, como sería esta comedia en la que los zombies no son más que el reflejo de una juventud post-adolescente conformista y maleable, que acepta su pasividad como parte de la cotidianidad en la que se descubre como única idea existencial el que nada cambie. De ahí que cualquier plan que Shaun idea se antoja igual que el anterior, salvo por alguna pequeña variante como la de encerrarse en el pub Winchester en compañía de su amigo, a quien parece traerle sin cuidado cualquier cosa que no sea reírse con su colega, jugar con videojuegos, consumir "maría" y sobre todo continuar visitando ese bar que conoce y donde le permiten fumar. Pese a la imagen grotesca de Ed, semeja el único despierto entre tanto dormido, y lo parece porque inicialmente solo él (y puede que Liz cuando se muestra disconforme con su vida) asume realmente lo que quiere y lo lleva a cabo, aunque sea una postura tan cómoda como la de continuar viviendo eternamente como un adolescente sin responsabilidades, hecho que lo contrapone con la mayoría de los personajes que, deseando algo más, aceptan aquello que se les ha impuesto (o se han autoimpuesto) sin saber si es realmente lo que desean.

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