viernes, 6 de diciembre de 2013

Vinieron del espacio (1953)


El planteamiento inicial de Vinieron del espacio (It Came from Outer Space) podría llevar a pensar en un posicionamiento similar al de aquellas producciones de ciencia-ficción que presentaban una invasión extraterrestre como metáfora del supuesto peligro comunista de la época. Nada más lejos de la intención de Jack Arnold en su primera aportación al género en el que sobresalió con títulos como La mujer y el monstruo o El increíble hombre menguante. La finalidad del arranque del film sería la de crear la tensión que domina desde los primeros compases, al asumir la cámara la subjetividad de los visitantes interplanetarios que acaban de aterrizar en la Tierra como consecuencia de una avería en su nave. Esta circunstancia les obliga a mantenerse ocultos por miedo a las reacciones que su presencia puede provocar entre los humanos, de quienes no aguardan comprensión, aceptación o amistad, pero a quienes tampoco pretenden conquistar o aleccionar. Los prejuicios de los alienígenas tienen su origen en el de los terrícolas, a quienes observan como seres incapaces de aceptar o asumir lo desconocido y, como consecuencia, consideran que sus reacciones serían violentas si llegasen a descubrirlos (sospecha que se corrobora hacia el final de la película). A este respecto, la exposición del punto de vista de uno de los supuestos invasores no puede ser más clara; cuando John Putnam (Richard Carlson) le exige que se muestre, el extraterrestre se niega alegando que los humanos todavía no se encuentran preparados para asumir lo diferente o lo inexplicable, condicionados por el miedo a lo desconocido o por las "verdades" que consideran absolutas. Putnam insiste en su intención y sufre el espanto que le genera la fisonomía del visitante, pero logra reponerse y continúa mostrándose opuesto al resto de sus vecinos de la pequeña población de Arizona donde se desarrolla parte del film, quizá porque su mente se encuentra predispuesta a aceptar cuestiones que los demás se niegan para no trastocar sus vidas. Incluso, en un primer momento, Ellen (Barbara Rush) duda del testimonio de su prometido, cuando este afirma que el meteorito del que todos hablan no es sino una nave espacial. Esta confrontación entre John y el resto se expone desde el inicio de la película, cuando su voz en off comenta que en el entorno todos están convencidos de saber cómo será el futuro, refiriéndose a este como la prolongación de la cotidianidad que no desea ser alterada, de ese modo se comprende que él sí acepta la posibilidad de cambios inesperados que afecten a la supuesta seguridad que les ofrece la rutina. Este aspecto de su carácter marca su individualismo, que provoca su enfrentamiento contra lo establecido al ser el único que cree en la presencia de esos seres que precisan tiempo para reparar la nave y abandonar el planeta lo antes posible. A pesar de sus intenciones no belicosas, los extraterrestres se ven obligados a secuestrar y suplantar a varios humanos para poder conseguir el material que les permita arreglar su transporte. Esta acción, que choca con sus palabras de paz, crea un momento de duda en Putnam, quien finalmente asume que solo de ese modo podrían evitar la violenta reacción que se genera al final de Vinieron del espacio, cuando el sheriff Matt Warren (Charles Drake), después de comprender que John no sufre alucinaciones, se lanza a la caza irracional que confirma el porqué de las precauciones tomadas por quienes habían aventurado la radical reacción que surge del miedo a lo inexplicable y de los cambios en lo establecido como verdad inamovible.

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