martes, 12 de noviembre de 2013

El tenorio tímido (1924)

Al poco de llegar a Hollywood, Harold Lloyd entabló amistad con Hal Roach, que, al igual que él, trabajaba como extra en Samsom (J.Farrell MacDonald, 1914). A partir de ese instante continuaron ejerciendo de figurantes hasta que el segundo recibió una pequeña herencia, que empleó para financiar y dirigir modestas producciones protagonizadas por el primero. Gracias a estas comedias Roach firmó un contrato de distribución con la Pathé, lo cual les posibilitó una mejor distribución de sus películas y un incremento de popularidad e importancia dentro de la joven industria en la que se convirtieron en dos figuras claves. Como tantos otros cómicos del cine mudo, Lloyd se inició interpretando un personaje que imitaba al exitoso vagabundo creado por Charles Chaplin, pero pronto quiso desmarcarse de esa tendencia que no colmaba sus aspiraciones artísticas, de modo que ideó su propio alter ego cinematográfico, aquél que se dio a conocer como The Winckle, un tipo de apariencia normal cuya única peculiaridad residía en lucir unas gafas de concha sin vidrio que se convirtieron en su marca autoral. Este personaje le afianzó como uno de los cómicos más exitosos de la pantalla, gracias a su cercanía, vitalidad y a la agilidad que se descubren en los excelentes, divertidos y trepidantes gags que el actor desarrolló a lo largo de su carrera. Tras las magníficas acogidas de sus cortometrajes y largometrajes para la productora de Roach, entre los que destacan Never Weaken (1921) o la famosa El hombre mosca (Safety Last! 1923), Lloyd se pasó a la producción de sus propias películas en El tenorio tímido (Girl Shy), dirigida por dos realizadores habituales en su equipo creativo, Fred Newmeyer y Sam Taylor, dentro del cual también se encontraban Ted Wilde y Tim Whelan (co-guionistas del film), aunque Lloyd era el responsable final de cuanto se rodaba. Como muchas de sus comedias, El tenorio tímido arranca con un ritmo pausado, mientras se desarrolla la presentación y el enamoramiento de Harold Meadows (Harold Lloyd), que sueña con ver publicado su tratado sobre las mujeres, de quienes desconoce lo más básico y a quienes parece temer. Inicialmente, la editorial rechaza su texto, aunque no tardan en descubrir la posibilidad de que se convierta en un éxito de ventas debido a lo patéticamente divertido que llega a ser, si no se toma en serio. Pero el joven ignora dicha circunstancia, derrotado por la negativa que le imposibilita llevar a cabo sus intenciones de pedir a su enamorada (Jobyna Ralston) que comparta su vida con él. En lugar de sincerarse y hacerla partícipe de sus penas, Harold reniega de su amor, convencido de que de ese modo proporciona a Mary un futuro mejor, de tal manera que la joven, triste, confusa y decepcionada, acepta casarse con un millonario engreído (Carlton Griffin) a quien no ama. Hasta ese instante del film prevalecen el romance y los sueños del escritor frustrado, sin embargo, a partir de la doble noticia del casamiento y de la publicación del libro, El tenorio tímido cambia su tono pausado para alcanzar su apogeo cómico, que se centra en la alocada carrera contra el reloj y contra cualquier obstáculo que se interponga entre Harold y su idea de evitar que su amada se case. A lo largo de este espléndido y divertido gag dominan el humor visual, la agilidad, la vivacidad rítmica y el ingenio que demuestran el por qué Harold Lloyd fue uno de los reyes indiscutibles de la comedia muda.

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