sábado, 23 de noviembre de 2013

El mayor y la menor (1942)

Antes de exiliarse en los Estados Unidos, Billy Wilder debutó como director en un film rodado en Francia (Mauvaise graine, 1934), aunque éste solo sería un precedente que no permitía vislumbrar al director que llegaría a ser años después, cuando, ya asentado en Hollywood, rodó El mayor y la menor (The Major and the Minor) y pudo dar continuidad a su faceta de realizador  Pero su intención inicial al llegar a la localidad californiana no era la de dirigir, sino la de abrirse camino como guionista, oficio que había desempeñado en Berlín, donde escribió entre otras Gente en domingo. Tras participar en varios proyectos en la Fox, fue contratado por la Paramount Pictures, donde el jefe de departamento de guionistas le presentó a quien, desde entonces y hasta El crepúsculo de los dioses, sería su colaborador habitual. A Charles Brackett y a Wilder les encargaron escribir La octava mujer de Barba Azul, un film dirigido por Ernst Lubitsch, que inició una serie de exitosos guiones que serían trasladados a la pantalla por Ernst Lubitsch en NinotchkaHoward Hawks en Bola de fuego y Mitchell Leisen en MedianocheAdelante, mi amor y Si no amaneciera. Este último cineasta fue señalado tanto por Preston Sturges como por Billy Wilder como el responsable directo de la decisión de dirigir sus propios materiales. En el caso de Wilder las diferencias se produjeron sobre todo a raíz de la adaptación que Leisen realizó de Si no amaneciera, debido a cambios en algunas escenas que indignaron al guionista hasta el punto de presionar a la Paramount para que le permitiesen rodar sus escritos. Los responsables de la productora, conscientes de la buena acogida del debut de Sturges en la dirección con El gran McGuinty y de la importancia de mantener en nómina a un guionista del talento de Wilder, accedieron convencidos de que el fracaso en su aventura provocaría que el escritor retomase su lugar en la planta cuarta del estudio. Sin embargo El mayor y la menor resultó un film de éxito comercial, en parte gracias a la presencia como protagonista de Ginger Rogers (una de las estrellas del momento); de modo que la buena acogida del film propició que Wilder pudiese continuar rodando sus historias. El mayor y la menor, al igual que ocurriría años después en la magnífica Con faldas y a lo locoparte de la confusión de identidad de un personaje que se disfraza para subirse a un tren. Este personaje, Susan Applegate (Ginger Rogers), se muestra decepcionada con su estancia en Manhattan, cuestión que la convence para abandonar la Gran Manzana y regresar a su pueblo natal. No obstante, cuando llega a la estación descubre que no tiene dinero suficiente para pagarse el billete de adulto, pero en lugar de desanimarse se hace pasar por una niña de doce años y logra el tique a precio reducido, lo que le permite tomar el tren donde conoce al mayor Kirby (Ray Milland) después de introducirse en su compartimento. El oficial se muestra amable con ella, ya que en ningún momento duda de no estar hablando con una niña, algo que no le sucede a Pamela (Rita Johnson), su prometida, cuando, a la mañana siguiente, sube al vagón para dar una sorpresa al militar y se encuentra con una mujer entre las sábanas de Kirby. El malentendido la enfurece, del mismo modo que al coronel Hill (Edward Fielding), su padre y oficial superior del inocente que, en el pasillo del tren, no logra explicarse el por qué del enfado de su novia. Poco después comprende la razón del furioso comportamiento de Pamela, y pide a la pequeña Susan que le acompañe a la academia para que allí aclare que tiene doce años y que él solo le ofreció un lugar donde descansar. Pero en la escuela la presencia de la supuesta niña estimula a los jóvenes cadetes, que contentos con la novedad se la reparten por horas, inconscientes de que se trata de una adulta que se ha enamorado de ese mayor que empieza a sentir cierta predilección por la menor.

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