martes, 29 de octubre de 2013

Lolita (1962)

Gracias al éxito obtenido por Espartaco, Stanley Kubrick alcanzó una posición privilegiada en la que los grandes estudios de Hollywood estarían dispuestos a financiarle cualquier película, pero no Lolita, un proyecto que ninguna major quiso asumir debido a las presiones creadas alrededor de una obra que supuestamente atentaba contra la decencia. Por ello el cineasta tuvo que buscar financiación en una pequeña productora, la Seven Arts, y se trasladó a Inglaterra donde, en régimen de coproducción, pudo rodar la adaptación con la que se inició su etapa más personal como cineasta. <<Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía...>> abre el diario escrito por Humbert Humbert en la novela de Vladimir Nabokov, la misma que se convirtió en un escándalo que obligó a su autor a tener que publicarla por primera vez en Francia en 1955, bajo el sello de la editorial Olympia Press, aunque poco después sería retirada de la circulación debido a las presiones ejercidas por diversos sectores que la tildaron de indecente y pornográfica. Posteriormente la prohibición sería levantada en varios países, entre ellos Estados Unidos, donde Lolita resultó un éxito de ventas gracias al revuelo creado alrededor de una narración de la que Stanley KubrickJames B.Harris, su socio por aquel entonces, adquirieron los derechos cinematográficos. Harris llamó a Nabokov para que se hiciera cargo de la adaptación de su propia obra; sin embargo en un primer momento el escritor declinó la oferta, aunque acabaría aceptando la propuesta después de considerar la posibilidad de ofrecer un enfoque distinto al relato original. El primer borrador constaba de más de cuatrocientas páginas, un exceso justificado en la inexperiencia de Nabokov en la escritura de guiones, por lo que Kubrick le aconsejó que lo redujese a una cuarta parte; tras el estreno del film Nobokov mostraría cierto descontento con el resultado de la película. Con el argumento apunto se inició la búsqueda de los actores y actrices encargados de dar vida a los personajes; para el papel de Humbert Humbert no existía la menor duda, no así para la adolescente protagonista, que finalmente recayó en Sue Lyon, de catorce años, dos mayor que el personaje literario al que daría vida en pantalla. Aunque el actor que más sorprendió, a pesar de su rol secundario, fue Peter Sellers, quien demostró su versatilidad al encarnar a un personaje que se hace pasar por distintos individuos, algo que superaría en su segunda colaboración con Kubrick¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú. En la presencia de su personaje reside uno de los cambios más significativos con respecto a la obra literaria, como se descubre en un inicio que coincide con el final de la novela, cuando Humbert Humbert (James Mason) llega a casa de Clare Quilty (Peter Sellers), a quien dispara como consecuencia de una cuenta pendiente del pasado y consigo mismo, ya que el personaje de Sellers vendría a ser la imagen que el protagonista ha intentado mantener oculta (reprimiendo sus deseos). Este acto adquiere su explicación cuando la historia retrocede en el tiempo y muestra a Humbert poco antes de su encuentro con Charlotte Haze (Shelley Winters), la viuda que le alquila una de las habitaciones de su casa. Desde el primer momento el refinado huésped siente antipatía hacia la señora Haze, sin embargo, al descubrir a Dolores (Sue Lyon), la adolescente de quince años (por evitar problemas con la censura se cambió la edad), decide quedarse, ya que la muchacha se convierte en su obsesión. La primera imagen de la "nínfula" le recordaría la de otra más lejana en el tiempo, y la de todas aquéllas que la siguieron, pues Humbert Humbert siempre ha guardado en secreto la pasión que en él despiertan las niñas como Lolita. Para poder estar cerca de la adolescente contrae matrimonio con una mujer a quien aborrece porque representa el esnobismo y la vulgaridad, pero a quien se somete para poder respirar el aire que impregna los pulmones de la muchacha. La necesidad de sentir a un hombre cerca condiciona el comportamiento de Charlotte, consciente de que se encuentra ante su última oportunidad, aunque seguramente le hubiese dado igual que se tratase de otro individuo, pero fue Humbert el pervertido, Humbert el obsesionado, Humbert el enamorado de la imagen de la ninfa que ocupa las páginas del diario donde esconde sus pasiones enfermizas, el mismo diario que provoca el accidente mortal en el que Charlotte pierde la vida. Como consecuencia de esta muerte fortuita (acontecida después de que el profesor descartase el asesinato) se abre la posibilidad de materializar aquéllo que anhela; de ese modo engaña a la niña para que se embarque en un viaje que nace del deseo de un hombre que al tiempo que la pervierte se convierte en el juguete de ésta, ya que Lolita le manipula prácticamente desde el primer instante, cuestión que irá en aumento a medida que avanza la imposible doble relación que se produce entre ellos: la paterno-filial y la de amantes. Así pues, el viaje se convierte en la obsesiva lucha interna entre las múltiples facciones que componen la personalidad del padrastro y amante, sin ser consciente de que la niña busca otra compañía distinta a la suya, la de ese otro personaje que en la novela no asoma hasta su último suspiro, y que representa los puntos de vista morales (aunque sea un amoral) que persiguen y aumentan el desequilibrio emocional que habita en Humbert Humbert.

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