jueves, 10 de octubre de 2013

La niña de tus ojos (1998)

En un momento puntual de La niña de tus ojos la mujer del embajador (María Barranco) se presenta en el estudio de rodaje para visitar al actor Julián Torralba (Jorge Sanz). Allí comenta delante del director (Antonio Resines) que le aburre tanta españolada, siempre con bandoleros y cante popular, a lo que el realizador Blas Fontiveros responde que si pretende que hagan alemanadas, hungaradas o americanadas. Dicha contestación deja clara su postura, que afirma que en cada lugar existe un tipo de cine autóctono en el que se desarrolla parte de la cultura de los pueblos que lo conforman (aunque no todos tendrían que verse reconocidos en ese tipo de producciones). Pero el cine también es un medio que expone ideas universales, quizá ahí resida una de sus grandezas, la de traspasar fronteras llegando a todos y cada uno, sin importar nacionalidades o costumbres, solo emociones o pensamientos que van más allá de localismos o cuestiones folclóricas, porque serían comunes al ser humano. Estas dos concepciones conviven en La niña de tus ojos, que muestra el costumbrismo que representa el equipo de rodaje al tiempo que expone como la intolerancia y la indiferencia son parte responsable de los sufrimientos e injusticias de cada época. La historia se desarrolla en 1938, momento durante el cual España se ve inmersa en una guerra que enfrenta a republicanos y a nacionales, estos últimos empiezan a imponerse en un conflicto que divide al país, y en el que también se encuentra posturas opuestas que poco después se enfrentarían en la Segunda Guerra Mundial. A través de la secuencia inicial, un noticiario del NODO, se comenta y ensalza el avance nacional, pero también la colaboración entre el bando español y los nacionalsocialistas alemanes a través de la coproducción de una película cuya versión hispana estará dirigida por Blas Fontiveros. Este falso hermanamiento entre dos ideologías fascistas provoca que el equipo español se traslade a Alemania para rodar en los antaño prestigios estudios UFA, donde Murnau, LeniLang o Lubitsch se convirtieron en grandes de la cinematografía mundial. Pero en el presente de 1938 nada queda de aquella grandeza expresionista de la década anterior, pues ésta ha sido sustituida por el intolerante ideario nazi que en un primer momento no afecta a los miembros de la expedición encabezada por la estrella de la canción popular Macarena Granada (Penélope Cruz). Durante su estancia se observa al equipo en su día a día, tanto desde un punto de vista profesional como personal, inicialmente desde un tono satírico que no esconde que, entre otros, detrás del guión se encontraba Rafael Azcona, con quien Fernando Trueba ya había trabajado en otros dos acercamientos a periodos históricos concretos: El año de las luces y Belle epoque. Desde ese tono cómico se descubre un posicionamiento en contra de los abusos que afectan tanto a Macarena, a quien se la condena a soportar las atenciones (acoso) de Goebbels (Johannes Silberschneider), como a los extras, prisioneros judíos que son tratados como animales sin que nadie haga algo para evitarlo. Macarena en su rechazo se convierte en el alma del equipo, por eso siente su entorno de un modo diferente a como lo racionaliza el cerebro de la producción (Blas), que se muestra ajeno a cualquier cuestión que no afecte a su película, para él lo único verdaderamente importarle, más allá de la relación sentimental que mantiene con su primera actriz. Alrededor de estos dos personajes se muestran las personalidades del resto de compañeros, entre quienes se descubre a Julián Torralba, la caricatura del macho hispano y falangista declarado, la desencantada Rosa Rosales (Rosa María Sardá), la antigua estrella que ahoga sus penas en el alcohol, Castillo (Santiago Segura), el director artístico que, además de beber los vientos por la estrella masculina, debe apañárselas para recrear la Sierra de Ronda en un decorado que encajaría mejor en El gabinete del doctor Caligari, o Bonilla (Jesús Bonilla), un productor que, en su devaneo con Lucía Gandía (Neus Asensi), "maneja" el alemán gracias a su inseparable diccionario. En ese entorno ajeno a la idiosincrasia que representan destaca la presencia de Václav (Miroslav Táborský), el traductor que se convierte en cómplice involuntario del equipo, cuando sus miembros toman conciencia ante una situación que Macarena asume desde el primer momento, aunque se ve obligada a aceptar su rol por motivos personales. Como contrapunto a la cantante, Blas resulta un personaje ambiguo, si bien parece que su egoísmo se impone a cualquier otro sentimiento, hacia el final del film se descubre que guarda cierto parentesco con el Rick de Casablanca, pues, tras mostrarse egoísta y ajeno a la realidad, se decide y se posiciona del lado que sabe correcto, comportamiento que se confirma en el aeródromo donde la niña de sus ojos toma el avión que les separa, pero que a él le humaniza porque acepta que existen cuestiones que se encuentran por encima de sus intereses personales y profesionales.

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