domingo, 21 de abril de 2013

Dulce libertad (1985)

La perspectiva amable que predomina en Dulce libertad (Sweet Liberty) expone los entresijos de un rodaje cinematográfico, durante el cual se descubren las manías de los actores y actrices, los cambios que se realizan en las producciones, los intereses económicos o como la presencia del equipo de filmación afecta a la localidad donde se va a rodar la producción que da título a la película. Esta elección provoca que el film de Alan Alda no destaque por ofrecer una visión crítica ni corrosiva del mundo del cine, ya que desde el primer momento se aleja de cualquier polémica y apuesta por un enfoque más o menos cómico que se centra en Michael Burgess (Alan Alda) y sus relaciones materno-filial, sentimentales y profesionales. Al inicio de Dulce libertad se comprende que Michael y Gretchen (Lise Hilboldt) forman una pareja que rechaza el compromiso, quizá por el cambio que conlleva asumir una responsabilidad que afectaría a sus cómodas existencias. Dicha cotidianidad, en la que también vive el resto del pueblo, desaparece cuando se presenta el equipo de filmación de una película que, supuestamente, adapta la novela histórica escrita por Burgess. Cuando la caravana hollywoodiense (autocares, camiones o coches) se adentra por las calles de la pequeña ciudad, los vecinos lo festejan por todo lo alto, como si se tratase del día de la Independencia. Para ellos es un acontecimiento único que, aparte de beneficios económicos, les brinda la oportunidad de codearse con las estrellas del celuloide. También para el autor del libro es un momento especial, sobre todo cuando descubre que los responsables del film han cambiado su novela hasta el extremo de no reconocer el material original. La desesperación por ver tergiversados los hechos históricos provoca el enfrentamiento entre el novelista y el director de la película (Saul Rubinek), capaz de justificarse alegando que la mayoría del público demanda tres cosas al pagar una entrada: rebeldía, destrozo de la propiedad y despelote. Ante esa incontestable realidad, Burgess no tiene más alternativa que aceptar colaborar con el guionista (Bob Hoskins) en la reescritura del guión. A medida que realiza los cambios en la historia su alejamiento de Gretchen parece confirmarse, quizá impulsado por ese soplo de novedad que significa la presencia de las dos estrellas del film: Faith Healy (Michelle Pfeiffer) y Elliott James (Michael Caine). Tanto el actor como la actriz muestran un comportamiento extravagante, a menudo inestable; así se descubre en James a un mujeriego empedernido, narcisista e irresponsable, capaz de cualquier cosa que se le antoje, lo cual trae de cabeza a Michael, como también lo hace Faith, aunque en otro sentido, pues en ella cree encontrar la imagen de la mujer perfecta, aunque no tarda en descubrir ciertas irregularidades en los constantes y bruscos cambios que sufre la personalidad de la diva. Aquello que comenzó como una fiesta se transforma en una continua fuente de problemas, tengan o no que ver con el rodaje; de ese modo, la apacible vida de Burgess se ve alterada por su madre (Lillian Gish) (le atosiga para que encuentre a un supuesto amante, desaparecido años atrás debido al acoso de esta misma mujer), por su relación sentimental (la antigua y la nueva) o por su relación profesional con los actores, a quienes debe convencer para que boicoteen la visión adolescente que persigue el director, quien tranquilamente le dice, una vez concluido el rodaje, que en la sala de montaje hará la película que él quiere. Dulce libertad apunta cuestiones que afectan a cualquier proyecto cinematográfico: cambios que se producen antes, durante y después, las relaciones (no siempre buenas) entre las estrellas, la presencia del equipo en una localización o la certeza de que en el cine prima el aspecto económico; sin embargo, en ningún momento se llega a profundizar en estas cuestiones, prefiriendo un enfoque simple que se decanta por la comicidad de situaciones concretas, sobre todo las llevadas a cabo por Elliott James, y en menor medida por un guionista que solo es capaz de mostrar su incompetencia.

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