sábado, 5 de enero de 2013

Brazil (1984)


En Brazil se descubre en su plenitud el universo cinematográfico de Terry Gilliam en aspectos que posteriormente reaparecerían en El rey pescador (el carácter onírico de uno de sus protagonistas) o Doce monos (movimientos de cámara o la ambientación en algunos instantes del film), pero sobre todo se percibe el derroche de imaginación, ingenio y fantasía que el realizador utilizó para satirizar a una sociedad que ha perdido el poder de improvisar, de decidir qué, cómo o cuándo elegir. La presentación de Sam Lowry (Jonathan Pryce), el personaje principal, lo muestra como un caballero al rescate de una doncella en apuros (Kim Greist), hecho que choca con el mundo que se muestra en los primeros compases de la película, dominado por la burocracia, por el férreo control gubernamental o por la impersonalidad que se observa en el departamento de registro al que Lowry acude con un ligero retraso porque se ha entretenido entre las sábanas, disfrutando de ese sueño que se repite una y otra vez. Sam ha acomodado su trabajo a sus necesidades, ejerce una labor que le permite hacer lo menos posible, disfrutar de una buena película clásica o poner los pies encima del escritorio de un jefe (Ian Holm) que le consiente cualquier cosa porque sabe que su subordinado es pieza fundamental en el buen funcionamiento del departamento. Por otro lado, éste joven para nada ambicioso debe lidiar con los deseos y caprichos de su madre (Katherine Helmond), que no cuenta ni con la opinión ni con el consentimiento de su hijo cuando le consigue un ascenso no deseado al departamento de obtención de información, el escalafón más alto del Ministerio de Información. Aunque sorprendido y disgustado por el comportamiento de su señora madre, Sam tiene otras cosas en mente, desechando la idea de formar parte de un engranaje carente de creatividad o de sentido; lo que a él le interesa y obsesiona es la chica de su sueño, sobre todo cuando, por casualidad, descubre que se trata de un ser de carne y hueso, hecho que propicia su búsqueda, repleta de imprevistos, de personajes extraños y de situaciones que desvelan aspectos nada complacientes de la realidad imaginativa que presenta este film de difícil catalogación, en la que Gilliam dio rienda suelta a su talento e inventiva.

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