jueves, 8 de noviembre de 2012

Perseguido (1989)

Dentro de su mediocridad y sus limitaciones narrativas hay películas que presentan una perspectiva interesante en cuanto a una parte de su contenido argumental; éste sería el caso de Perseguido (The Running Man), film de ciencia-ficción que se desarrolla en un futuro cercado donde la sociedad se encuentra totalmente alienada y controlada por la televisión, que a su vez es un medio de control del gobierno para someter y engañar a sus gobernados. En el futuro de The Running Man no existe derecho a manifestarse, ni siquiera cuando se hace de manera pacífica y tiene como meta conseguir alimento; puede que por ese falta de libertad de expresarse la orden de abrir fuego contra las masas sólo sorprenda a Ben Richards (Arnold Schwarzenegger), oficial que se niega a acatarla, aunque no puede evitar la masacre. En una sociedad como la de Perseguido los derechos no tienen cabida porque atentan contra el férreo control de aquellos que ostentan el poder que Richards pone en duda cuando desobedece el mandato. El destino de este oficial que se revela no es otro que pudrirse en un presidio donde dice que lo único que le importa es sobrevivir sin plantearse lo que suceda a su alrededor, dicho pensamiento choca con su comportamiento anterior, el que provocó su encarcelamiento. En compañía de dos presos políticos, Laughlin (Yaphet Kotto) y Weiss (Marvin J.MacIntyre), miembros de la resistencia, Richards logra evadirse, mientras vuelve a dejar claro que su única intención es la de abandonar el país sin meterse en guerras absurdas que no le interesan, porque lo único que pretende es salvar su cuello. Pero un tipo como Richards iría muy bien para The Running Man, programa líder de audiencia, que ofrece como entretenimiento la caza y la muerte en directo de sus participantes, a manos de cazadores a cada cual más hortera. El film no pasa de ser un vehículo de lucimiento para su actor principal, sin embargo se muestra simpático al comprobar que no se toma en serio, y que a la vez emite una crítica feroz a un medio audiovisual capaz de controlar gustos y emociones, tergiversando verdades y ofreciendo un espectáculo irracional que controla a la audiencia, y lo peor de todo reside en que a ésta le gusta lo que contempla. A pesar de esa evidente crítica al control, Perseguido se centra en la lucha a muerte entre Richards y sus perseguidores, cinco estrellas mediáticas que inútilmente pretenden darle caza, aunque estos perseguidores no son los verdaderos villanos de la función, sino las marionetas de Killiam (Richard Dawson), el presentador manipulador, insensible y ambicioso que afirma que en su espacio no se miente. Este individuo ha alcanzado el éxito gracias a la creación de un programa en el que la caza del hombre divierte a las masas, que le adoran, pero que él desprecia, y que sólo utiliza para mantener el poder que le confiere los índices de audiencia. Lo curioso de Richards, solitario y siempre a lo suyo, sería su aceptación a participar en el show, ya que lo hace para evitar que lo hagan sus compañeros de fuga, una contradicción para un hombre que repite constantemente que sólo le importa salvar su pellejo, y sin embargo cuida de ellos y de la mujer (María Conchita Alonso) que le delata en el aeropuerto.

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