martes, 6 de noviembre de 2012

El rey pescador (1991)


En la cima de la popularidad Jack Lucas (Jeff Bridges) ve como su exitosa carrera se esfuma como consecuencia de uno de sus despectivos comentarios radiofónicos, detonante para que uno de sus oyentes entre en un bar de yuppies y la emprenda a tiros con los clientes. Para Jack todo acabó ahí. Su vida de ensueño, de egocentrismo y falsa superioridad se ve sustituida por el remordimiento y el vacío que se descubre en un presente que no soporta, al que quiere poner fin arrojándose al East River; sin embargo, su destino no es morir bajo el puente de Manhattan, sino encontrarse con Parry (Robin Williams), un indigente que no sólo le salva de la muerte, sino de sí mismo. Lo que podría ser un drama se convirtió en manos de Terry Gilliam en una maravillosa fábula de redención y amistad, en la que Jack vive su renacer como persona gracias a su contacto con ese indigente que renegó de la realidad después de que su esposa muriese a manos de aquel oyente paranoico que sesgó la vida de siete seres humanos. Para llegar a la redención y a su nuevo renacer Jack Lucas debe pasar por la maduración interior que se produce a medida que se deja envolver por la fantasía de Parry, inmerso en un universo delirante que le mantiene alejado de un pasado del que huye y que le genera el desequilibrio que Jack observa en él. El rey pescador (The Fisher King) mezcla el drama, la comedia y la imaginación de un director cuya predilección por personajes estrafalarios, que viven en universos desquiciados, queda patente en sus films, ya sean éstos los de su etapa dentro del grupo humorístico Monty Python o en sus trabajos en solitario, entre los que destacan joyas como Brazil o Doce monos, películas que como El rey pescador muestran mucho más de lo que se observa a simple vista, ya que la personalidad de sus personajes desvelan las carencias de un entorno que presume de cordura y perfección. Quizá por ello el personaje de Pike saque a relucir lo mejor y lo peor de Jack, quien inicialmente actúa por egoísmo, convencido de que si ayuda al vagabundo podrá encauzar su rumbo y recuperar su vida de ensueño, vacía, alejada de aquello que verdaderamente importa, cuestión que descubre gracias a esa amistad que surge sin que Jack se percate, pero que le permite alcanzar el equilibrio cuando la acepte como tal, sin pensar obtener nada a cambio.

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