martes, 20 de noviembre de 2012

El milagro de P.Tinto (1996)


 Hacia la mitad de la década de 1990 se realizaron en España tres comedias que se convirtieron en un rotundo éxito de taquilla (El día de la bestiaEl milagro de P.Tinto y Airbag), de ellas, El milagro de P.Tinto pasa por ser la más surrealista, en cuanto a la exposición de los hechos que narra y a sus personajes, que ya es decir si se tiene en cuenta a los individuos que habitan en las otras dos producciones. <<Un P.Tinto posee tres cualidades que le hacen inconfundible en cualquier lugar del mundo. Un P.Tinto siempre mira hacia arriba, ¡con optimismo!. A un P.Tinto la elegancia se le reconoce donde quiera que vaya; informal sí, pero elegante. Y sobre todo, un P.Tinto siempre lleva su propia energía, sin olvidar que a un P.Tinto le gusta echarse azúcar en el café hasta que haga isla>>. Estas palabras del P.Tinto original (Juan Manuel Chiapella) se grabaron en la mente de su hijo, como también se había grabado el secreto para alcanzar el sueño de su vida: ser padre de una familia numerosa. Desde temprana edad, P.Tinto (Andrés Calamardo) fantaseaba con la idea de tener hijos, pero, para poder llevar a cabo su proyecto, tenía que encontrar a la pareja perfecta, y la halló en Olivia (Sonia Calamardo), una niña que también anhelaba tener una extensa progenie a quien ofrecer su cariño. Con el paso del tiempo el joven P.Tinto (Carlos Soto) empezó a sospechar que a su chica le fallaba la vista, aunque esto no mermó ni su ilusión por procrear ni su amor hacia ella, además, habían descubierto el secreto del éxito: ¡tralarí tralarí! Pero los años pasan, veinticinco desde aquel día en el que los chavales llegaron en su nave espacio-temporal, y la inocente pareja de padres frustrados ha de conformarse con el par de gorrones extraterrestres que aceptan de buen grado como hijos adoptivos, pero el matrimonio continúa sin poder darles un hermano, lo cual aumenta la pena y la tristeza de una pareja a la que no ha funcionado su ¡tralarí tralarí! Sin embargo, el bueno de san Nicolás escucha la petición de Olivia (Silvia Casanova) y les envía a un niño batusi o mandinga, que algunos consideran un alienígena trompetero de dos metros, aunque, para P.Tinto (Luis Ciges) no cabe la menor duda: el individuo que entra en su casa cumple todos los requisitos que le había dicho su padre, incluso el chaval viaja con su propia energía, la cual parece transportar en la bombona de butano que al inicio de la película emplea como llave para salir del centro psiquiátrico donde lo han retenido durante años por su inigualable maña para cocinar pizzas. Pero todos se confunden, Joselito o Panchito (Pablo Pinedo), como le llaman sus nuevos padres, no ha sido enviado por nadie, solo es un hombre con un pasado que le persigue para recordarle a su madre, de quien no quiso despedirse y a la que espera volver a ver gracias a la (cutrenave de sus hermanos adoptivos, dos niños un tanto peculiares, que ni envejecen ni tienen la intención de hacer nada más que tomar gaseosa y disfrutar de su estancia en la Tierra. Su argumento, sus personajes y sus imágenes provocan que El milagro de P.Tinto sea una comedia diferente que se sustenta sobre su humor surrealista y las acertadas interpretaciones de su elenco artístico, sobre todo la de Luis Ciges, inolvidable actor secundario que en la película de Javier Fesser alcanzó el protagonismo.




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