viernes, 23 de noviembre de 2012

Amanece (1939)


Las sombras envuelven a François (Jean Gabin) cuando, consciente de su imposibilidad tras haber matado a Valentin (Jules Berry), se ve asediado por la policía que rodea el edificio con la intención de entrar en su cuarto, pero él se resiste mientras se deja llevar por sus recuerdos hasta aquellos momentos puntuales que le han convertido en un asesino desesperado. En Amanece (Le jour se léve) no asoman rayos de esperanza para Françoise (Jacqueline Laurent), la joven florista de la que se enamora el homicida antes de serlo y antes de entablar una relación carnal con Clara (Arletty), la última amante de su víctima. En los recuerdos de François se descubre el amor y cómo la presencia de Valentin altera su equilibrio, sacado lo peor de él, amenazas y rechazo, como si supiera que ese individuo que dice ser el padre de la joven vendedora, quisiera apoderarse de ella y corromperla como hizo con Clara, más experimentada, desengañada y segura de que para ella tampoco existe un futuro mejor. Con permiso de Jacques Feyder, Jean Vigo o Jean Renoir, en Marcel Carné se encuentra al realizador que mejor define las pautas y características del realismo poético que se desarrolló en Francia durante parte de la década de 1930, un movimiento cinematográfico que empleaba como medio de expresión imágenes en las que prevalecía la lírica pesimista que se descubre envuelta en sombras, como si tratase de recrear la desmoralización que dominaba un tiempo de dudas y temores, lo cual se refleja en la incapacidad de sus protagonistas para asumir su realidad y superar las barreras que tanto ellos mismos como el entorno levantan a su alrededor, lo que les impide alcanzar esa felicidad que se les niega porque para ellos es un imposible. Amanece es una de las grandes producciones del realismo poético, en ella Carné tuvo la colaboración de Jacques Prévert, su guionista habitual por aquella época y una de las figuras clave del movimiento, y del excelente decorador Alexander Trauner, uno de los mejores directores artísticos de la historia del cine, pero, tras el éxito que obtuvo en su estreno, la película fue censurada por las autoridades militares, que encontraron en su discurso un mensaje demasiado desmoralizador para el tiempo de guerra. Años después, finalizado el conflicto mundial, fue reestrenada y en 1947 el director de origen ucraniano Anatole Litvak realizó un remake títulado La noche eterna (The Long Night), aunque este film carece de la poética que se descubre en Amanece 

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