miércoles, 26 de septiembre de 2012

Noche en la ciudad (1950)



Como consecuencia de las listas negras que circulaban por Hollywood, Jules Dassin se vio obligado a abandonar su país y trasladarse a Inglaterra donde rodó Noche en la ciudad (Night and the City). Según palabras del propio Dassin fue el productor Darryl F.Zanuck quien le apuró para que se fuera a Londres y allí, si se daba prisa, podría filmar la película. La circunstancia de rodar en Europa no se dejó notar en este contundente film noir, algo lógico por otra parte ya que, por aquel entonces, la concepción cinematográfica del cineasta era plenamente americana, cuestión que se observa en la narrativa fílmica empleada, que se encuadra enteramente dentro de las características del cine negro americano. En la nocturnidad abundan timadores, primos, apuestas ilegales, combates controlados por delincuentes que no toleran intromisiones, tugurios de mala reputación donde el alcohol y la música se combinan para alejar las sombras que nunca los abandonan; esas mismas tinieblas dominan los callejones oscuros y las calles desiertas por donde corre un hombre desesperado, consciente de que su tiempo se acaba. Noche en la ciudad no abandona a dicho individuo, aunque retrocede hasta el momento en el que Harry Fabian (Richard Widmark) regresa a Londres con nuevas ideas y con los mismos errores del pasado. Se le observa sin dinero, engañando y estafando para conseguir unas libras que le hagan sentirse mejor. Por lo que se deduce, se trata de un tipo poco recomendable que ambiciona llegar a ser alguien importante dentro de un entorno repleto de gentes sin escrúpulos, que al igual que él venderían a cualquiera con tal de ver cumplidos sus propósitos. Harry Fabian no es mejor que el resto, no puede ni quiere serlo, de modo que no se detiene en sus engaños, que también alcanzan a Mary (Gene Tierney), la mujer a quien dice amar, la misma que soporta sus mentiras mientras aguarda a que se produzca un cambio que no llega. Como bien apunta el título, la película transcurre en la nocturnidad, en locales o en calles de aspecto tenebroso donde las sombras realzan la sensación de imposibilidad en un ambiente amoral y desesperanzador, dentro del cual los personajes se desenvuelven a la perfección, salvo Gregorius (Stanislaus Zbysko), el viejo luchador ateniense, aferrado a una ética (basada en el honor) ausente en los bajos fondos y en el individuo por quien se deja engañar. Lo mismo se podría decir de la eterna enamorada, que se resiste a abandonar la esperanza de que el hombre a quien ama cambie, aunque sepa que su espera es un imposible. Noche en la ciudad avanza por el sórdido ambiente que ha dotado a Harry Fabian de la dudosa habilidad de engañar para buscar su beneficio personal, sin detenerse a pensar en las posibles consecuencias de sus actos. De hecho también se engaña a sí mismo, repitiéndose una y otra vez que es su última oportunidad para ser alguien; de modo que se desespera por conseguir dinero (incluso se lo intenta robar a Mary), y acude a todos y cada uno de sus "amigos", y finalmente lo consigue porque a otros les interesa algo de él. Sin embargo sus intereses chocan con los de Kristo (Herbert Lom), el hijo de Gregorius y jefe de la lucha en Londres, que por respeto a un padre que le rechaza por sus malas artes no actúa contra Fabian. Pero Philip Nosseross (Frank L.Sullivan), celoso porque cree que su esposa (Googie Withers) le abandona para irse con Harry, hace todo lo posible para que éste cometa el error que acabe con él. Acariciar un sueño no es lo mismo que alcanzarlo (un imposible para Fabian al ser la realidad que le rodea ajena a su control), cuestión que descubre cuando su castillo en el aire se desvanece sobre el cuadrilátero donde inesperadamente se enfrentan Gregorius y el "Estrangulador" (Mike Mazurki), dejándolo a merced de aquellos a quienes creía tener controlados cuando sentía que al fin su suerte había cambiado; pero su sueño se ha convertido en una pesadilla de la que intenta huir por esas oscuras calles de Londres, mientras comprende que de nada vale seguir corriendo.

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